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Domingo 23.11.2014 | 16:45
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Catamarca: tierra de historias

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Entre antiguas ruinas incaicas, ciudadelas aborígenes y pintorescas capillas de aires coloniales, los paisajes catamarqueños invitan a olvidarse del stress urbano para adentrarse lentamente en los más profundos secretos del norte argentino.
 Catamarca: tierra de historias
Catamarca: tierra de historias
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Montañas de colores ocres y pequeños pueblos que conservan ancestrales costumbres se entremezclan con construcciones de piedra y barro, ruinas incaicas y poblados aborígenes que sorprenden a los amantes del turismo arqueológico. No son pocos los sitios que hablan de otros tiempos en Catamarca. Shinkal de Quimivil, Fuerte Quemado, Pueblo Perdido de la Quebrada y Pucará de Aconquija conforman quizás los puntos clave de un apacible recorrido tras las huellas del pasado.
Al noroeste de la actual población de Londres, en el departamento de Belén, la ruta nacional Nº 40 da acceso a El Shinkal de Quimivil. Estas ruinas, enclavadas entre montañas, tienen una extensión aproximada de un kilómetro cuadrado y fueron reconocidas como una ciudad cabecera del Tawantinsuyo, es decir, del imperio Inca. Conservan las formas típicas de la arquitectura cuzqueña, que en América latina refleja la extensión del poderío incaico.
Unos 15 kilómetros al sur de Quilmes, sobre la margen izquierda del río Santa María, Fuerte Quemado es otro punto importante de la dominación incaica en el noroeste argentino, específicamente en el Valle de Yokavil. Las ruinas, con una antigüedad superior a los 600 años, dejan apreciar la impronta de las culturas locales como Santa María, Belén y San José, que combinadas dieron una cultura aborigen particular donde sobresale la planificación arquitectónica incaica pero domina la artesanía local.
Aquí también pueden apreciarse talleres de artesanos, corrales y sobre todo estructuras relacionadas a la preparación y elaboración de la chicha (bebida alcohólica producto del fermento del maíz), destilado significativo para las fiestas y rituales incaicos como la fiesta de la Pachamama y el Inti Raymi.
Como punto ineludible para quienes llegan a la ciudad de San Fernando del Valle, a sólo cuatro kilómetros, con acceso por la ruta provincial Nº 4, Pueblo Perdido de La Quebrada mantiene sus antiguos rasgos invitando a adentrarse en las huellas de la denominada Cultura de La Aguada. Está integrado por una serie de recintos elaborados en barro y piedra, recuperado del olvido por los arqueólogos, mostrando un pequeño poblado típico andino, con habitaciones, talleres y corrales que estuvieron habitados en los siglos IV y V.
Una excursión hasta aquí permite saber que la cultura de La Aguada se desplegó por casi todo el noroeste argentino y especialmente en el centro de Catamarca, con importantes logros en cerámica, metalurgia y arte mural. Habían alcanzado un desarrollo que les permitió defenderse de los incas y mantenían su independencia en la época de la llegada de los españoles.
Por último, más conocido y tenido en cuenta por los circuitos turísticos tradicionales, el Pucará de Aconquija se encuentra en el departamento Andalgalá, con acceso vial desde el empalme con la ruta provincial N° 62. Tras recorrer unos 17 kilómetros se llega a estas ruinas, que se asientan a unos 300 metros de altura. Están en un cerro de difícil acceso y rodeadas por una gran muralla que encierra los secretos de la más imponente arquitectura incaica. Se pueden observar también paredes de gran altura, que pasan los seis metros, con una finísima cantería típica de la construcción inca, y una gran plaza central. No casualmente quienes lo encontraron, durante la histórica generación del '80, se dejaron deslumbrar por su imponencia afirmando que se trataba de la fortaleza incaica más grande de la Argentina.

Paseos por la capital
Una visita a la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca siempre amerita tomarse un tiempo para distendidos paseos a pie. Ineludible pasar por la plaza 25 de Mayo, cuyo diseño fue realizado por el arquitecto Carlos Thays; por la catedral, que domina el centro de la ciudad con su peculiar estilo neoclásico, y por el templo y convento de San Francisco, declarado Monumento Histórico Nacional en 1941. Siguiendo el rumbo del pasado, el Museo Arqueológico Adán Quiroga se presenta como uno de los más importantes de su tipo en América latina. Allí se exhiben desde los primeros trabajos en piedra hace más de 10.000 años, hasta elementos propios de la vida cotidiana de habitantes contemporáneos a la conquista española. Por último, no estará demás un recorrido por la fábrica de alfombras y el mercado artesanal ubicado a ocho cuadras de la plaza principal, en la llamada Manzana del Turismo. z we
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