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Potenciar la inversión

Con 10 años de historia, Fundación Los Grobo ayuda a empresas a gestionar su aporte social.

En general, las empresas donamos en términos de cuanto invertimos y no de cuánto logramos con ese aporte", definió Gustavo Grobocopatel, con conocimiento de causa, en un desayuno para contar el camino andado por la Fundación Los Grobo en sus primeros 10 años de vida.
Para el empresario del agro, falta calidad en la gestión de la inversión privada que es poco sustentable. "No es el negocio de las compañías, el cual sí saben gestionar", reflexiona y ejemplifica: "Es fácil encontrar grandes líderes en las comunidades pero no saben trabajar en red. O no se trabaja en la causa del problema. Debemos crear empresas más porosas, más transparentes que actúen como verdaderos agentes de desarrollo y no solo como donantes".
De ahí, que Grobocopatel y un grupo de expertos decidió hacerse cargo del problema con el programa Potenciar Comunidades, justamente una plataforma de gestión de la inversión social, una metodología que contempla conceptos como: sinergia, confianza, compromiso, colaboración, visión estratégica e innovación social, que se tranforman en ejes centrales para sentar las bases de un proceso de desarrollo de territorios.
Así también ayudaron a solucionar otro comportamiento negativo que tenían las organizaciones: invertir en forma solitaria. "Llevó bastante que entiendan que ser colectivo permite mejores resultados", señala Silvio Dal Buoni, director Ejecutivo de la Fundación, que juntos un Consejo Asesor independiente evalúan los proyectos y busca las soluciones en territorios -no necesariamente comunidades- no sólo de la Argentina, sino también de otros países, como fue el caso de Chiapas, México, donde trabajaron en una alianza con Harvard y el gobierno nacional y local.
"El primer paso es un diagnóstico participativo, para construir la agenda de los actores desde adentro", explica Dal Buoni. Así, por ejemplo, trabajaron con Petrobras para reducir el nivel de conflictividad y así evitar cortes. El segundo paso, es hacer juntos. Y para ello se definen las cuestiones de posible solución.
Así a empresas de minería a cielo abierta les propusieron que organizaran el final desde el principio, o sea, que desde el primer momento se trabajara y comunicara el cierre de la mina. El día después.
El programa ya trabajó junto a 500 organizaciones en 230 comunidades con 60 socios.