Editores emergentes: el negocio en la era digital

El mercado aún se pregunta qué hacer ante la irrupción del libro digital. Los nuevos sellos, dedicados a públicos especializados, van a la vanguardia con un sistema que acorta la brecha con los pesos pesados.

El mercado editorial se pregunta qué hacer ante la irrupción tecnológica y el descrédito que le endilgan muchos autores hoy convertidos en sus propios editores. La difusión de dispositivos de lectura y la adaptación al e-commerce plantean interrogantes que, hasta ahora, solo los pequeños emprendedores y las jóvenes editoriales se animan a responder. En 2014, según la Cámara Argentina del Libro (CAL), se registraron en el país poco más de 28.000 títulos, de los que el 16% correspondió al formato digital. Dentro del segmento, 4 de cada 10 pertenecen a sellos educativos y el 20% a firmas dedicadas a la literatura.
En paralelo, la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) informó un volumen de ventas en el sector por $ 5.730 millones, lo que muestra un alza a precios corrientes, pero un estancamiento de las ventas a precios constantes. Así las cosas, el océano editorial muestra grandes buques navegando aguas calmas, sin ánimo de torcer la marcha y pequeños botes ansiosos de tomar las corrientes rápidas.
Del otro lado del mostrador, se advierte que los lectores intensos abandonan paulatinamente el libro de celulosa porque encuentran en el lector portátil una vía para reducir el espacio físico, el peso de transportar varias obras y las erogaciones que suponen las frecuentes compras. La segunda Encuesta Nacional de Hábitos de Lectura mostró un crecimiento de la lectura digital, con un 48% en todas las edades y un 75% en la franja etaria menor a 25 años hasta 2011. Las prácticas de lectura tienden a combinarse.Qué pasa en el mercadoAunque la tecnología existía, el e-book irrumpió en escena cuando Amazon lanzó, en 2007, el Kindle y puso a disposición miles de obras a una tarifa fija de u$s 9,99 para imponer su e-reader. Según fuentes del mercado, tal maniobra sería imposible en la Argentina por las regulaciones que prohíben rebajar los precios de venta fijados por los editores.
En los principales mercados, el formato digital alcanza un techo del 20% y sin pronósticos de crecimiento. Estados Unidos y Gran Bretaña lideran, pero en Francia, por ejemplo, el mercado directamente rechazó la propuesta.
En la Argentina, donde los equipos de lectura triplican su valor de mercado, la participación de e-books en ventas es del 1%, según la CAP. Para su presidenta, Trinidad Vergara, el libro digital se enfrenta con un tema cultural. Pero, en la otra vereda del mercado, en lo que se refiere a libros educativos, académicos o de divulgación científica, cree que hay mucho por crecer. "Son obras para gente que lee mucho. La tablet es una gran noticia. Pero el libro técnico tiene otra lógica, con la que es difícil hacer negocio", afirma.
En el camino por hacer rentable el e-book, sale a la luz Octavio Kulesz, fundador de editorial Teseo, que desde 2007 produce libros universitarios con un sistema de distribución global que iguala la edición papel con la digital. Las versiones electrónicas llegan a costar 50% menos y las versiones papel pueden encargarse en cualquier parte del mundo con el sistema de producción bajo demanda. Así evitan costos operativos y aumentan los márgenes de ganancia.Oportunidades de crecimientoKulesz opina sobre las posibilidades que se abren a las pymes: "Con el libro educativo la migración va a ir rápido. Si bien las obras comercializadas aún son pocas, el libro educativo universitario ya lo consume el 50%, sin importar cómo llegó al lector". Para este editor, que trabaja con autores e instituciones académicas (como Udesa o Flacso), las ventajas del negocio son claras: con la impresión on demand, se evitan gastos de almacenamiento y logística; se abaratan los costos y se amplía el universo. La pelea, entonces, es por los volúmenes.
Pero aún no hay disrupciones grandes. La transición va a paso lento. Pablo Avelluto, coordinador General del Sistema de Medios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, compara los modelos de negocio y atribuye la actual situación a una inquietud de los grandes actores, incapaces de ofrecer nuevas reglas de juego redituables, que continúan explotando un "sistema caduco".
"En el libro papel, el 40% es del canal comercial, el 20% es costo, el 10% para el autor y el resto va a la editorial. Con el libro digital, esos esquemas se subvierten", dice Avelluto. Los nuevos autores pueden ser los futuros ganadores porque tienen acceso a mercados más grandes a través de venta digital. Y remata: "Así como la industria musical pasó de la venta de archivos a los sistemas de streaming, creo que un abono mensual por una biblioteca digital, en vez de pagar por descargar algo, podría impulsar la difusión de formatos electrónicos".
María Mercedes Pérez, de Vestales, dedicada al público femenino, cuenta que el libro digital abre esperanzas de romper con "la lógica perversa" del circuito de distribución, atado a la exposición que el librero dé a las obras. "El libro digital tiene otro circuito de distribución. La lógica de exhibición se rompe", dice Pérez.
Los editores pymes ven la oportunidad de entrar en el mercado con una inversión menor a la requerida para el papel. Se publica mucho y rápido. Tanto, que la autopublicación empieza a preocupar, en especial cuando Amazon ofrece esta posibilidad.
Ezequiel Chabay