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Jueves 02.10.2014 | 01:22
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Opinion
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Hace unos días leía en algunos medios de comunicación sobre la decisión del gobierno de obligar a las aseguradoras a invertir un porcentaje de sus fondos en procesos productivos. Dejando de lado cualquier componente o motivación política, lo interesante es que de alguna manera reafirma una tendencia que se viene dando en nuestro país: la de apostar por alternativas de inversión basadas en economía real.
Para muchos, hablar de inversiones es hablar de acciones, bonos, obligaciones y otros términos que por lo general suenan complicados. Al margen de ser un lego en cuestiones del mercado de capitales, hay algo que siempre me costó entender: cómo puede ser posible que un inversor pueda ganar plata invirtiendo en una empresa que pierde o perder parte de sus ahorros apostando por una compañía que gana. Los que saben me dicen que sólo se trata de vender y comprar en el momento oportuno.
Será porque mi experiencia empresaria siempre ha recorrido los carriles de la economía real. Proyectos palpables, visibles, tangibles, reales. Proyectos en los cuales cualquier mortal -sin necesidad de tener conocimientos y experiencia en el análisis financiero- puede entender cómo trabaja su plata, puede seguir el desarrollo del negocio y puede ver resultados.
Dentro de estos proyectos productivos de economía real, hay muchos que presentan una particularidad que los hace todavía más fuertes: su componente inmobiliario. Porque, además de la renta mayor o menor que puedan generar, son bienes que se revalorizan y entonces ofrecen un atractivo mayor: la posibilidad de vender y hacer una diferencia. Esta componente inmobiliaria es un reaseguro frente a posibles caídas en la renta, porque es sabido que cualquier tipo de negocio puede sufrir mermas en su productividad.
Cuando hablamos de invertir en economía real, la pregunta que surge espontánea es: ¿cómo puede hacer un ciudadano de a pie con capacidad de ahorro limitada, para formar parte de negocios que generalmente están reservados a grandes jugadores? Existen dos maneras de invertir en negocios de economía real.
La primera es ser un capitalista con una espalda financiera que le permita afrontar el negocio invirtiendo su propio capital y proyectando una rentabilidad determinada. Puede ser el caso de las aseguradoras o de otros inversores institucionales que cuentan con un flujo de fondos grande y pueden meterse solos en proyectos faraónicos.
La otra opción es la de conformar una suerte de comunidad de inversores y desarrollar el negocio bajo un sistema cooperativo, coordinado por profesionales especializados en gestión. Esta alternativa es donde puede ingresar un inversor como nosotros.
Pero, al margen de las características del inversor, hay tres condiciones básicas que debería reunir una inversión en economía real para ser rentable: que los ahorros estén a buen resguardo, disminuyendo al máximo el riesgo de perder el capital, como los que tienen componente inmobiliario; que en lo posible produzcan una renta eficiente, segura y previsible; que tengan la capacidad de revalorizarse en el tiempo.
La forestación es un ejemplo, que puede organizarse a partir de una comunidad de inversores para ser desarrollada a través de un sistema cooperativo. Se trata de una actividad que empieza a hacerse fuerte en nuestro país y que ofrece un beneficio doble: se puede ser dueños de un pedazo de tierra que, al ser productiva, se revaloriza de manera exponencial con el paso del tiempo y asegura en el mediano y largo plazo una renta segura, alta y permanente.
Como esta actividad hay muchas otras: hotelería, centros comerciales, ganadería, agricultura y oficinas. Actividades productivas que son exponentes de una economía real que hoy empieza a hacerse fuerte frente a la volatilidad de la economía y que, además, ya no es monopolio de grandes inversores. Proyectos productivos en donde es fácil ver los efectos concretos y reales que tienen no sólo sobre nuestras propias finanzas sino también sobre la economía y el empleo.
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Con la renuncia de Fábrega y la llegada de Vanoli al Banco Central, cree que el Gobierno:
Logrará sostener las reservas y calmar al dólar blue sin mayores cambios
Ajustará aún más el cepo al dólar y logrará calmar a los mercados
Ajustará el cepo pero con efecto negativo en las reservas y una brecha mayor entre el oficial y el blue
Devaluará el tipo de cambio oficial para achicar la brecha y quitar presión, aún a costa de reservas

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