Estrategias legales y de comunicación: el efecto Barbra Streisand en el caso Báez

Resulta que la actriz Barbra Streisand tenía una tremenda mansión en Malibú. Kenneth Adelman, un fotógrafo que estaba llevando adelante un proyecto sobre la erosión de la costa del Pacífico, registró la casa con una serie de tomas aéreas y las subió a su web: era alegaba uno entre 12 mil ejemplos sobre el impacto ambiental en ese área de California. Al enterarse de que su residencia había sido incluida en la investigación, Streisand intimó judicialmente a Adelman a que quitara las fotos de la web, lo que generó títulos de tapa y acusaciones de censura en los principales medios de los Estados Unidos. Las imágenes pasaron de apenas 6 downloads a 420 mil en un mes, un verdadero éxito (indeseado) de publicidad (negativa).
Esto ocurrió en febrero de 2003. Un blog sobre tecnología, Techdirt.com, acuñó entonces la idea de Streisand effect para dar cuenta de ese tipo de situaciones en las que alguien se esfuerza tanto en esconder ciertos hechos, a veces inocultables, que las acciones que implementa no hacen más que derivar en el resultado contrario.
Quienes procuran invisibilizarse contra viento y marea acreditan siempre buenas razones, que les brindan sus abogados; en el caso de Streisand, de acuerdo a lo que reza la misma demanda, el cease and desist como se lo llama en el mundo anglosajón se apoyó en su derecho a la intimidad. Las fotos de la residencia habían sido subidas a la web como Image 3850; ni siquiera estaban identificadas con su nombre.
Días atrás, el empresario argentino Lázaro Báez presentó un planteo similar en la Justicia de la provincia de Santa Cruz para exigir que La Nación y otros medios de comunicación cesaran, también, en la divulgación de noticias referidas a una serie de causas penales en su contra. Más puntualmente, los abogados de Báez fueron por el lado de una presunta violación de secretos fiscales en la que el diario La Nación habría incurrido y que sería mérito para que se dejara de informar sobre el tema.
No es que los famosos u otros interesados no tengan derecho a la intimidad ni que el secreto tributario haya perdido vigencia. Si bien son casos diferentes, la legislación y la jurisprudencia de casi todo el mundo moderno tienden hoy a privilegiar el derecho a la información y a la libertad de expresión, valores importantes para cualquier sociedad en épocas de fuerte demanda de transparencia y de circulación de la información con poco control. Derechos individuales la intimidad, el secreto u otros ceden en especial cuando se trata de personalidades públicas y, todavía mucho más, de asuntos de posible resonancia institucional.
Parece improbable que Báez consiga la medida cautelar que reclama en su provincia. En cambio, el episodio que La Nación venía siguiendo de manera tan puntillosa arrastró la cobertura de todos los medios del país y agitó otras causas penales contra el mismo imputado (los jueces se sabe son muy buenos lectores de diarios).
El efecto Streisand y la casa en The Bu son un buen recordatorio de los riesgos que puede conllevar una estrategia legal escindida de una estrategia reputacional integral, que contemple la relación con otros públicos y se asiente en determinados valores.
Hay una web (www.thestreisandeffect.com) que se dedica a coleccionar ejemplos de este tipo. Un caso interesante es el de la parodia que sufrió The North Face, la fábrica de ropa de montaña, a partir de la idea de un adolescente de crear The South Butt (culo de sur, es una traducción posible). Con la divulgación de la demanda en las redes sociales, la parodia tuvo su efecto Streisand y se convirtió en un éxito viral.
La Justicia de Los Angeles rechazó finalmente la demanda de Streisand. The North Face y The South Butt llegaron a un acuerdo. La medida cautelar solicitada por Lázaro Báez tendría su definición esta semana.

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