Es hora del salariazo

Por lo que puede verse a diario resulta creíble un informe, de la Universidad Di Tella, según el cual la demanda laboral sigue con tendencia negativa rozando los niveles de la crisis de 2001-2002. Durante enero habría caído -0,3% respecto a diciembre 2012, mientras que el desplome interanual es aterrador: -26,9%. A partir del segundo trimestre del 2011, a pesar de algunas alzas, la serie vuelve a mostrar una tendencia decreciente que se proyecta hacia el futuro.
Ahora es importante aclarar una confusión común, incluso, entre economistas. Lo cierto es que, la falta de ocupación, nunca es el resultado de la falta de inversión. Eventualmente, podrían construirse casas, por ejemplo, sin capital, solo con las manos.
El único efecto de la inversión, del capital, es que aumenta la productividad (con máquinas se construye más rápido) provocando un aumento real del salario, como consecuencia del crecimiento de la cantidad de bienes ofrecidos.
Entonces, si naturalmente hay mucho trabajo por delante, es decir, que hay muchísimo por hacer (casas, hospitales, escuelas, etc.), ¿qué impide la ocupación? El Estado que es el único que tiene el monopolio de la violencia capaz de desviar, con la fuerza policial, lo que se daría espontánea, naturalmente. Son las leyes laborales coactivas las que provocan el desempleo, como el salario mínimo -y las cargas sociales-que impiden que trabajen los que ganarían menos. Y cada vez lo impide más dado el spread, entre salario real y el mínimo exigido, que incide en el costo de las empresas.
Dijimos que el modo de lograr el aumento real del salario es incrementando la inversiónà O también, desarticulando el Estado depredador. Diez años atrás, la presión tributaria sobre los trabajadores en blanco rondaba el 25 % de sus ingresos, subiendo en 2012 a casi el 33 % y ya supera el 50 % -y continúa su ascenso-, si sumamos impuestos nacionales, provinciales y municipales (aportaciones previsionales de los trabajadores en blanco, Impuesto a las Ganancias, Ingresos Brutos, IVA, ABL, Combustibles, etc.).
Dicen que ese dinero vuelve a los trabajadores. Si fuera verdad, para qué sacárselos y devolverles necesariamente menos ya que, en la vuelta, pasa por mucha burocracia costosa. Dicen también que es cuestión de redistribuir, lo que tampoco es verdad. Los impuestos perjudican a todos y por eso nadie quiere pagarlos. Pero, cuanto más elevado es estatus económico de una persona, más capacidad tiene para trasladarlos hacia abajo: subiendo precios, bajando salarios, etc. Así que, finalmente, recaen con más fuerza sobre los más pobres.
En fin, definitivamente es la hora del salariazo -bajando drásticamente los impuestos-con todo el beneficio que eso trae al consumo, y sin inflación.