La economía ha sufrido un gran cambio a partir del 2011. Luego de casi 16 años consecutivos de superávit energético, hoy la Argentina importa más energía de la que exporta. Su crecimiento presente y su futuro económico ya no dependen solamente de su capacidad de producir combustibles, sino de la cantidad que pueda importar y, por lo tanto, pagar en moneda extranjera.

El nuevo récord

Menos reservas y menos producción. La Argentina ha logrado en los últimos años algo que no es fácil. Desde el 2004, bajaron tanto las reservas de gas como las de petróleo, mientras la producción de ambos componentes también. Es lógico pensar que si la producción aumenta, bajen las reservas, dado que se explota más. También es posible que las reservas suban si la producción baja. Pero lograr que ambas disminuyan solo refleja la bajísima inversión en el sector desde hace varios años.

Los problemas son de demanda y de oferta

Supongamos que para el cumpleaños de mi hija decido darle los 400 pesos que me pidió para que se compre un jean de marca. Ella va contenta hacia el local y cuando llega, para su sorpresa, el jean que le gusta y de su tamaño está en oferta a solo 200 pesos. Pregunta: ¿cuantos jeans compra mi hija? La respuesta obvia es: dos. Es decir que cuando algo sale barato, se consume más de lo que se necesita.
Con el consumo de electricidad domiciliario, principalmente en Capital y GBA, pasa eso. Esto se representa muy bien en una cotidiana escena familiar. La cena esta lista y llamamos a nuestros hijos a comer. Los invito a describir como queda el cuarto. La frase todas las luces prendidas es la respuesta común. Si las tarifas fueran más altas, las palabras que se escucharían serían: apaguen la luz y a comer.
Está claro que dado el nivel de precios que tiene la energía domiciliaria hay un sobreconsumo y no solo de las clases más pudientes. Entonces, a los problemas de oferta, se les suman los de demanda. En el cuadro se pueden ver los precios del gas de referencia y compararlos entre países en dólares por millón de BTU.
La Argentina va al revés del mundo. Las tarifas domiciliarias son mucho más bajas que las industriales y ni siquiera alcanzan a cubrir los costos de producción. Además, cuando hay escasez por una ola de frío o de calor, se corta primero a la industria y luego al domicilio. Lo que genera más sobreconsumo de manera innecesaria y afecta la actividad económica.

Baja y mala inversión

Por supuesto hay problemas de oferta, de dos tipos. Uno no tan analizado es estructural, se trata sobre cómo está constituida la matriz productiva de la electricidad: más del 50% se produce con combustible no renovable, principalmente gas.
Las principales fuentes de producción de energía no renovable son cuatro: Agua de los ríos (hídrica), viento (eólica), mareas (mareomotriz) y sol (solar). Si hay algo que a la geografía Argentina le sobran son estas 4 cosas. Pero casi no se hacen represas eléctricas, ni inversiones en molinos de viento, ni represas que usen la marea, ni la energía solar a gran escala.
El problema es que todas estas formas energéticas necesitan mucho capital inicial, pero luego la producción es muy barata. Mientras que con las termoeléctricas es al revés, son de bajo capital inicial y alto costo de producción después.
El otro es el más conocido: la baja inversión como consecuencia de los bajos precios que se les paga a los productores, tanto de petróleo como de gas.

Costo marginal vs. mark up

Es por ello que un país que quiere pagar barata su electricidad, paga por el costo marginal. Porque la empresa que más caro produce gana menos plata. Si la tarifa es en función del cálculo de costos más mark up, no hay ningún incentivo a ser más eficiente. Es más, como el valor del capital actualmente no se actualiza, el que más gana es el que use más costos variables, es decir el más ineficiente. La propuesta presentada el viernes apuesta a una producción de electricidad cada vez más cara y menos renovable.

Energía vs. crecimiento

El año pasado la exportación de energía fue un 1% menor a la del 2010 pero las importaciones un 110% más. Por lo tanto se pasó de un superávit de u$s 2100 millones en el 2010 a un déficit de casi u$s 3000 millones en el 2011.
Durante los primeros 7 meses del año 2012, a pesar que las exportaciones de combustible crecieron un 6%, el déficit siguió creciendo. Comparando los primeros 7 meses del año pasado, el déficit energético era de u$s 2000 millones, este año -y a pesar del parate económico- el déficit es de u$s 2500 millones, es decir un 25% superior.
De no encararse una fuerte inversión en producción de electricidad y trabajar sobre disminuir el consumo domiciliario, el cuello de botella energético será una de las principales trabas al crecimiento de mediano plazo. Las medidas adoptadas en un contexto de un estado ya sin capacidad de financiar inversiones, no perecen ir en esa dirección.