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Cristina gobierna, Scioli conduce

El gobierno perderá las elecciones legislativas de octubre en los principales distritos, y Cristina Fernández de Kirchner no tendrá otro camino que obedecer a Daniel Scioli hasta su reemplazo en diciembre de 2015. Scioli será el representante de los restos del kirchnerismo que enfrentarán a Sergio Massa en la carrera presidencial, y con ese poder designará a los futuros ministros y diseñará la agenda política que deberá cumplir Cristina Fernández. Si CFK no acepta estas nuevas reglas de juego, el peronismo aplicará su pragmatismo histórico, que Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa sufrieron antes de entregar la banda presidencial. Los barones partidarios no quieren que Cristina se vaya en helicóptero, pero no dudarán en forzar su renuncia si no cumple las nuevas órdenes y adecua su gobierno a las necesidades políticas de la facción partidaria que respaldará a Scioli frente a Massa.
Tras los comicios del 27 de octubre, el poder que sostendrá a Cristina se concentra entre los intendentes bonaerenses aún leales, los gobernadores aún leales y los militantes de la Cámpora, que no tienen otra opción que permanecer leales. En épocas de crisis política, esa lealtad se paga con cargos en el gabinete y con decisiones de gobierno que apuntalen las ambiciones de los intendentes y gobernadores aliados a Scioli, que será el candidato de un conglomerado de dirigentes justicialistas que disputará contra Massa la candidatura presidencial.
El peronismo ya está fracturado en dos, y CFK no influirá en su armado político. Sólo tiene capacidad para trabar las alianzas pensadas por Scioli y multiplicar las expectativas electorales de Massa. Cada vez que la Presidente tuitea, un voto K indeciso se suma al electorado del Frente Renovador. Scioli tiene este dato, y apuró su propia estrategia electoral: durante las deliberaciones del Council of America, enterró al kirchnerismo tardío y asumió la representación de los líderes partidarios que desconfían de Massa.
Es irreproducible el comentario de Cristina cuando escuchó la opinión de Scioli ante los invitados del Council of America, y aún duda sobre sus próximos pasos políticos. Sabe que el peronismo es caníbal con los dirigentes que desafían la ley de gravedad de la política, pero se resiste a aceptar las órdenes de Scioli. Detesta al gobernador bonaerense, y tiembla cada vez que piensa en la posibilidad de inclinar sus últimos meses de mandato presidencial, a la estrategia electoral del único candidato que le quedó al oficialismo.
Scioli sabe que sus opciones mejoran, si el gobierno optimiza su actuación y la calidad de sus ministros. También reconoce que muy pocos dirigentes de peso aceptaran jurar lealtad a Cristina, si no hay un compromiso de continuidad en el gabinete nacional, en caso de vencer a Massa en la interna peronista. Scioli quiere desplazar a Hernán Lorenzino, Guillermo Moreno, Débora Georgi, Juan Manuel Abal Medina y Julio De Vido, levantar el cepo cambiario, modificar el mínimo no imponible a ganancias, acordar con los gremios y hacer una tregua con los gobernadores justicialistas que Cristina persigue. Es un programa de gobierno, una transición hasta las elecciones presidenciales de 2015.
Parece un milagro político, pero en realidad es un laberinto casi infinito: CFK debe aceptar las nuevas reglas de poder, cambiar el gabinete y modificar su gestión del estado; Scioli ordenar los restos del kirchnerismo y Massa aplacar a ciertos consejeros que ya se imaginan accediendo sin escalas a Balcarce 50. Todo está en manos del peronismo. Padecimos en febrero de 1989 con Alfonsín, y la historia se repitió en diciembre de 2001 con De la Rúa. El final está abierto.

Comentarios1
27/08/2013 03:00:19

Sea DOS o STM en 2015: la Señora al Poder.