03:00
Ni las críticas de la oposición por su “débil accionar” para frenar los saqueos en el terrible terremoto que azotó a su país, ni los analistas políticos que vaticinaron un “final dramático” para los últimos días de su mandato empañaron las contundentes cifras de las encuestas: la presidente Michelle Bachelet finaliza su gobierno con el 84% de popularidad.
En sus cuatro años de mandato, esta pediatra socialista, separada y madre soltera de tres hijos conquistó la empatía de una población machista y conservadora, mediante la sensatez y la perseverancia.
Supo enfrentar con entereza los conflictos de la Concertación y mantuvo un diálogo abierto con sus oponentes. Salió airosa de las dos crisis internas que sacudieron su gestión en 2006: el levantamiento de 800.000 estudiantes y la puesta en marcha del polémico sistema de transporte público Trasantiago. Durante la última crisis financiera mundial creó un fondo de reserva con los excedentes de cobre que ahora será fundamental para la reconstrucción de Chile.
Terminado “el primer tiempo” de su mandato, Bachelet le imprimió un sello social a su gobierno: realizó una red de protección para los más necesitados, invirtió millones en infraestructuras para guarderías infantiles y estadios, medidas aplaudidas hasta por la propia oposición. Y se convirtió en el cierre del círculo de la delicada historia de los derechos humanos en su país. Una de sus últimas medidas fue la inauguración del Museo para la Memoria en homenaje a los desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Bachelet deja el poder con la certeza de que la paridad de género en cargos ejecutivos no es un anhelo utópico. Así lo manifestó en su discurso de asunción el 15 de enero de 2006: “Cuando una mujer llega sola a la política, cambia la mujer. Cuando muchas mujeres llegan a la política, cambia la política”. Misión cumplida, Michelle.