Promediaban los años ’90 y el cine argentino se encontraba estancado temática y estéticamente. Por ese entonces se veían películas de Aristarain o de Subiela, que poca atracción generaban en el público.
Pero a partir del estreno de “Pizza, birra, faso”, de Caetano y Stagnaro, en la edición 21º del Festival de Cine Internacional de Mar del Plata, se comenzó a hablar de una renovación. Se encontraron antecedentes en “Historias Breves”, un film de cortometrajes de varios directores y en “Rapado” de Martín Rejtman.
Se empezó a hablar entonces de Nuevo Cine Argentino (NCA), asociado al término “independiente” sin saber bien qué implicaba. La crítica apoyó y se subió al envión del movimiento y se estableció un pacto tácito con las nuevas películas y directores, dando espacio de promoción y debate.
“Una década de Nuevo cine argentino (1995-2005)” reconstruye el camino que iniciaron en la década pasada directores como Trapero, Rejtman, Caetano, Llinás ó Martel. Pero también se escuchan las voces de productores inmersos en la industria, distribuidores, críticos.
Los circuitos de producción, las escuelas de cine, las estéticas y la encrucijada actual se explican en las páginas tomando como marco para el análisis las teorías de Pierre Bourdieu, pero se combinan con cruces novedosos y derivaciones inesperadas.