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El rostro sin maquillaje y la sonrisa forzada preocupó a los pocos funcionarios que pudieron acceder a la suite del piso cuarto de la clínica Los Arcos. Por eso cuando volvieron a ver a la Presidenta Cristina Fernández, cerca de las 21, fue su cambio de expresión lo que les devolvió la tranquilidad. Dos pisos más abajo, en terapia intensiva, Néstor Kirchner había despertado de la anestesia luego de la intervención quirúgica y le había pedido lo mismo que había pedido antes de entrar al quirófano. “Quiero ver el partido”, pidió sin imaginar que Arsenal se impondría por 4 a 2 a Racing en Avellaneda. Eso y algunas bromas distendieron a la jefa de Estado primero y a los que escucharon su relato sobre los quince minutos que tuvo a solas con su marido. Su hija Florencia, su hijo Máximo y su novia; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini y Alfredo Scocimarro, el vocero presidencial, se dejaron tranquilizar por la misma Cristina Fernández que un par de horas antes se mostraba preocupada. “Está de buen ánimo, hasta hace bromas”, comentó al grupo y pidió a todos que informaran a los ministros que aguardaban en el piso 11 y que volvieran a sus casas. “Cualquier cosa les aviso”, agregó.
Pasó parte de la noche en la clínica y luego de ir y volver a la residencia de Olivos, decidió, pasado el mediodía, retomar su actividad oficial, sin cambios de agenda. Fue a Ezeiza e inauguró un hipermercado Coto (ver página 9) y al atardecer se instaló en la Casa Rosada para definir sus próximas visitas: hoy a Ituzaingó y mañana a Lobería.