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Estamos inmersos en un período de transición histórica, en el cual los nuevos conocimientos se convierten en los pilares de la acumulación de capital, el crecimiento de la productividad y el fortalecimiento de núcleos de poder económico. Esta transformación es similar, pero más acelerada y de mayor impacto geográfico global, que lo que significó el tránsito de la sociedad agraria al mundo urbano -fabril propio de la Revolución Industrial. En esta fase de la globalización es crucial la capacidad de las personas para adquirir, procesar y aplicar los conocimientos en un mundo laboral con acelerada transformación de las destrezas requeridas. El escenario del trabajo se replantea de manera permanente, ya que para mantener la competitividad no alcanza con la especialización en los saberes presentes, sino que es imprescindible la capacidad de adaptación a una frontera tecnológica en rápida transformación. La educación es hoy la principal plataforma de desarrollo personal, de manera que promover el acceso de más jóvenes a la educación superior aumenta nuestro propio capital humano colectivo. Es grave el peligro de una segmentación social, entre quienes se incorporan bien capacitados a la nueva sociedad tecnológicamente avanzada y quienes quedan excluidos, y por lo tanto marginados de los beneficios del incremento global de la productividad del trabajo. Todo esto representa un desafío para nuestra Universidad como institución rectora de la educación superior.
Es preocupante que el rol integrador de la Universidad se vea frustrado por la carencia de un sistema secundario universal ya que, mientras más del 75 por ciento de los adolescentes pertenecientes al quintil de más altos ingresos concluyen el nivel secundario, apenas lo concluye el 24 por ciento del quintil inferior. La realidad es que en la universidad pública por cada ocho alumnos pertenecientes al 20 por ciento más rico de la población hay apenas uno que proviene del 20 por ciento más pobre; en la enseñanza primaria publica es al revés, por cada alumno que viene del 20 por ciento más rico hay más de cuatro que provienen del quintil más pobre. Es grave que casi el 80 por ciento de los que ingresan a la universidad pública no concluye sus estudios, el abandono es muy alto en los jóvenes de familias con bajos recursos económicos.
Aprendamos de nuestro vecino. La Universidad de la República (Uruguay) es gratuita como todas las universidades públicas de Argentina, pero existe una importante diferencia con nuestro país en cuanto a los graduados; esta diferencia radica en el hecho que en 1994 se creó el Fondo de Solidaridad, cuyo destino es financiar un sistema de becas para estudiantes de la Universidad de la República y del nivel terciario técnico. El sistema está basado en el concepto de solidaridad intergeneracional, mediante el cual un profesional egresado de la Universidad pública o de los niveles estatales terciarios, debe realizar contribuciones a los efectos de financiar un sistema de becas para estudiantes de bajos recursos. Las becas son destinadas a aquellos estudiantes cuyos núcleos familiares se encuentran en una situación socio-económica desfavorable, lo que lleva a que las posibilidades del estudiante de desarrollar una carrera universitaria se vean comprometidas. La finalidad de la beca es la de brindar al estudiante un apoyo económico que le permita estudiar, exigiéndole un determinado nivel de rendimiento en sus estudios. Las becas están destinadas a los estudiantes uruguayos de todo el país, y se concentran esencialmente en el interior (90 por ciento del total), el monto de la beca se ubica en alrededor de los 2000 dólares anuales por alumno. El Fondo de Solidaridad se nutre de los aportes obligatorios de los graduados universitarios con una antigüedad de 5 años de recibidos, hasta completar 25 años de aportes. El monto del aporte se realiza considerando la duración programada de la carrera, de acuerdo a esta escala: a) carreras de menos de 4 años, la mitad del modulo BPC, b) carreras entre 4 y menos de 5 años un BPC y c) carreras de 5 o más años 5/3 del BPC. Si un profesional tiene ingresos mensuales inferiores a 4 BPC no debe aportar. El BPC para el 2010 está determinado en 2061 pesos uruguayos (alrededor de 100 dólares). En el año 2005 se otorgaron alrededor de 3800 becas, mientras que en el 2009 la cantidad de becas trepo a 6500; en los últimos cinco años se concedieron 25000 becas.
Destaquemos que la Universidad de la República del Uruguay tiene apenas alrededor de 4.500 graduados por año, y que el Fondo de Solidaridad esta becando anualmente 6.500 estudiantes; por su parte nuestras universidades estatales están graduando anualmente alrededor de 65.000 profesionales, o sea 13 veces más, magnitud que seria consistente con un programa nuestro de 85.000 becas. No caben dudas que este Fondo de Solidaridad vigente en Uruguay, es una iniciativa positiva y digna de ser imitada.
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 2 Comentarios |
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| CORDOBA |
| SERIA INTERESANTE COMPLETAR EL ANALISIS DE COMO ES LA COMPOSICION DE LOS 65000 EGRESADOS ANUALES DE UNIVERSIDADES NACIONALES PUBLICAS, Y COMO SE INSTRUMENTARIA PORQUE NO ME AGRADA LA IDEA DE SUBSIDIAR MILES DE EXTRANJEROS QUE VIENEN A ESTUDIAR A NUESTROS CLAUSTROS, PORQUE SINO OCURRIRA COMO CON EL SUBSIDIO POR HIJO DONDE ADEMAS DE PAGARLES LA ASISTENCIA MEDICA POR PARTO PAGAMOS SUBSIDIO POR HIJO DADO POR ESTA ADMINISTRACION |
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| Daniel |
| Me parece muy bueno el comentario de Alieto Guadani, pero le aclaro que en mi provincia de Entre Rios, desde el año 1990 existe un Impuesto que pagan los profesionales univeritarios. Es el 2,5% de sus honorarios, el cual tiene un destino específico, totalmente a financiar el INAUBEPRO (Instituto Autárquico Becario Provincial), del cual se otorgan becas a nivel secundario, terciario y universitario. Tal vez no sea necesario mirar afuera, ya que en nuestro país, mirando un poco al interior, aún existen ejemplos que se pueden imitar |
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