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Sobre expectativas, Maradona y elecciones
Hugo Haime Consultor político ()
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03:00

En los últimos días se planteó una polémica relacionada a la publicación de algunas encuestas. Fue entre una medición realizada por una empresa independiente y cuatro vinculadas al oficialismo en relación a las expectativas que tienen los argentinos sobre el 2010. Mientras la primera señala que el nivel de expectativas es el menor de toda la democracia, ubicándolas en 20 puntos porcentuales, las otras cuatro muestran valores mucho más optimistas, cercanos a los 40 puntos.

Claro, siempre las cosas dependen que se pregunta y como se interpretan las respuestas. Nosotros, sin coincidir con ninguna de ambas mediciones en lo numérico y aunque parezca contradictorio, no tenemos más remedio que coincidir parcialmente con ambas.

En realidad, cuando se pregunta a los encuestados sobre cómo piensan que estarán las cosas en el país en el año 2010, los valores que arroja nuestra medición ubica a las expectativas personales en un 38%.

En cambio, si la pregunta es en relación a qué sucederá en el país en su conjunto en este año, las cosas son algo menos optimistas: para un 34% las cosas estarán mejor que en 2009 y para un 28% estarán peor.

Vistos en sí mismos, los números no parecen tan negativos. Aunque, si los comparamos con los de años anteriores lo acontecido cobra su real dimensión. En el año 2008 sólo un 28% contestó que las cosas le habían ido mejor que en 2007, pero en 2009 ese número cayó a 21%. Si lo comparamos con el 2006, cuando casi la mitad de los argentinos (49%) nos contestaron que les había ido mejor que en 2005, vemos que la evaluación de lo sucedido en los últimos dos años es, por lo menos, poco positiva.

A la vez, las expectativas personales y las expectativas país en el período 2005 a 2008 se ubicaban cercanas a los 50 puntos que, comparadas con las de los años 2009 y 2010, permiten realizar las siguientes conclusiones: a) ambas expectativas son similares; b) ambas son las más bajas del período del gobierno de los Kirchner.

Hasta aquí nuestro intento de clarificación de la guerra de encuestas. Desde el punto de vista político las consecuencias de estos números son claras: si el oficialismo pretende tener fuerte incidencia en las elecciones presidenciales necesita revertir la evaluación que la población hace tanto de cómo están las cosas en el país, como las expectativas que se tiene a futuro. Con evaluaciones y expectativas similares a las actuales sólo obtuvo 30% de los votos en las elecciones a diputados nacionales, en cambio con números una vez y media mayor obtuvo 45% en la elección presidencial de Cristina Kirchner.

Para el año 2010 podríamos hipotetizar que: los primeros seis meses de esta año estarán tomados por el mundial de fútbol. Todo un dato, ya que poner las cosas en manos de Maradona, un técnico con bajo consenso popular, no parece el mejor consejo para el Gobierno. La inestabilidad emocional del ex número 10 y las internas del cuerpo técnico amenaza dejar la suerte del equipo en manos de la ruleta rusa, más allá de que la primera ronda parezca allanada para el seleccionado. Un rápido retorno, problablemente aceleraría los tiempos políticos y electorales, en cambio, volver con la Copa del Mundo o hacer un papel decoroso, aunque no garantiza que se genere en una ola de popularidad hacia el Gobierno, generará un clima social más distendido y permitirá ganar tiempo, algo que el Kirchnerismo necesita hasta ver si logra recuperar los sectores populares que perdió en la última elección.

Claro que, para ello requerirá la generación de puestos de trabajo y que la inflación no se coma los salarios. Los distintos planes sociales ayudan, pero no son garantía de que los beneficiados voten al oficialismo, ni los saca de la pobreza o sienten que se reintegraron al mercado laboral. En este sentido, es bueno recordar que en 1997 el entonces gobernador Duhalde bregó por la implementación de planes de inserción laboral que generaron salarios para trabajadores que sólo cortaban el pasto. Algo que no logró evitar la derrota electoral ante Fernández Meijide.

Sin ser la misma, la situación se parece mucho. Los humildes que no votaron por el oficialismo, lo hicieron porque se sintieron defraudados al ver que, por una vez más, quedaban fuera del sistema económico. Este es el desafío para el Gobierno y para todos los que tienen deseos presidenciales. Recrear las expectativas de que un futuro mejor es posible.

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