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Hasta hace un par de años, las formas de consumir música se reducían a comprar un disco, ver un recital en vivo o escucharla por radio o televisión. En los últimos lustros, los reproductores de MP3 e Internet modificaron de una vez y para siempre los hábitos de consumo. La descarga de música -legal e ilegal- sigue siendo la gran vedette, que permite acceder a artistas y trabajos que antes estaban limitados por la distribución de los sellos. Sin embargo, la última palabra no está dicha.
Los servicios de streaming -oír un archivo desde una página web sin necesidad de descargarlo previamente- son cada vez más completos y potentes, además de ofrecer una buena calidad de sonido.
Por un lado, algunas discográficas intentan firmar acuerdos con los proveedores de estos servicios, con el fin de combatir la piratería y encontrar un nuevo modelo de negocio, ya que los tradicionales experimentaron caídas estrepitosas. El gran referente para todos es “Spotify”. La plataforma lanzada en Suecia en octubre de 2008, por ahora, está sólo disponible para el mercado europeo. La empresa firmó acuerdos con las discográficas Universal Music, Sony BMG, EMI Music y Warner Music, entre otras. El servicio es gratuito y puede descargarse desde el sitio web de la compañía; el financiamiento está dado por la publicidad que ofrece de forma esporádica el reproductor. Un dato: con Spotify Premium se puede escuchar el catálogo musical en el iPhone y en dispositivos con Android.
Además de Spotify, otro de los más usados es “Last.fm”, una plataforma similar a una radio, en la que se reproducen canciones de un genero en concreto o similares a un cantante determinado. El fin es crear emisoras a medida de los gustos del usuario. Otras de las alternativas -para agendar y escuchar- son: StreamDrag, Songza, Deezer y Muziic. Este último fue creado como la alternativa estadounidense de Spotify.
¿Y en la Argentina cómo es la situación? Hace una semanas, la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif) dio datos contundentes sobre la venta de discos en el país. En 1998, se vendieron poco más de 24 millones de discos. En 2008, esa cifra apenas llegó a los 15 millones y en lo que va de 2009 sólo se superaron los 9 millones. Es decir, más de un 22% menos que en el mismo período de 2008. ¿Qué están haciendo los más de 200 sellos que hay en el país para repensar en negocio? ¿Cuál es la reacción de los otros actores del negocio? Una primera respuesta llegó en estos días de la mano del Telefónica. A principios de este mes y con el fin de ser pionera en el país, Speedy, la banda ancha del grupo, presentó Sonora. Se trata de un servicio provisto por Terra -antes había sido lanzado en Brasil-, que permite a sus clientes acceder a más de un millón de temas musicales desde Internet. Los acuerdos fueron firmados con Emi, Universal, Sony y Warner.
“Desde hace un tiempo, veníamos haciendo estudios sobre los hábitos de consumo de los amantes de la música. Ellos buscan una forma más sencilla y rápida de escuchar sus canciones favoritas. Y, en ese contexto, Internet cambió todo. Hoy, la gente quiere poner play y que la música comience a tocar, sin tener que descargar nada. Incluso, hay estudios que demuestran que, en otros países y a raíz de los servicios de streaming, las descargas ilegales están disminuyendo”, analiza Leonardo Rubino, jefe de producto de Sonora.
“Además -agrega- esta tendencia está logrando que el contenido se publique de una forma legal y con control en el acceso de los clientes. La música está en una calidad óptima, algo que no siempre ocurre en servicios de descarga”.
Por ahora, el servicio es exclusivo para los clientes de Speedy. Tiene un modelo de acceso sin costo y otro plus. “Por el momento, seguiremos con el modelo de exclusividad. El mercado, luego, dirá cuáles son las condiciones y si algún día podemos llegar a la gratuidad en el servicio”, amplió Rubino, quien reconoce que Spotify fue “inspirador” a la hora de lanzar Sonora. Por último, dice que desde la compañía están abiertos a recibir “a las pequeñas discográficas que quieran publicar sus contenidos”.
Aníbal Márquez, gerente del área de música digital de Sony, cree que Sonora y los otros servicios de streaming son complementarios a los otros negocios digitales. “Todo es muy reciente. El sistema tiene un mes de funcionamiento. Desde la compañía, decidimos darle el apoyo y los contenidos. Internet es, pese a todo lo que se dice, un territorio virgen; Sonora funciona bien, es práctico, fácil de usar e intuitivo. Es una buena opción como alternativa a los negocios tradicionales”. De todas formas, Márquez cree que los nuevos negocios no significará la desaparición del viejo formato.
“Estos nuevos modelos son a medida del cliente; no sé qué pasará en los próximos años, ya que hay mucho por hacer en la Web y nuestra idea es aprovechar cada dispositivo nuevo en Internet”.
También cree que será una buena alternativa para combatir la descarga ilegal de música. “Si seguimos generando alternativas de acceso a la música, ya sea desde el móvil o desde la computadora, habrá menos oportunidades de descargar de forma irregular. Todavía no tenemos datos sobre si los sistemas de streaming disminuyen la piratería”, advierte.
Sin embargo, la Unión de Discográficas Independientes tiene algunos reparos con estos servicios de streaming. Para Víctor Ponieman, director de Random Records y de la institución, estas páginas “tienen cierto valor promocional, pero cero valor comercial”. El directivo amplía: “Firman acuerdo con dos o tres multinacionales para asegurarse un catálogo y salir al mercado. A las grandes empresas, les pagan con un abono fijo o con centavos por cada escucha. Pero al resto no les dan nada, hasta que alguien realiza una demanda”. Para Ponieman: “en el mundo del derecho, se debe pedir autorización para usar una música. En Internet, es al revés: se publica el contenido y, si alguien reclama, recién ahí lo retiran. Pero el daño está hecho”.
El directivo de la cámara reconoce que, a raíz de la crisis y de las nuevas tecnologías, el modelo de negocio ha cambiado. Pero es optimista respecto al soporte. “La gente que valora al disco puede tener miles de temas en su computadora pero optará por poseer el objeto. En Estados Unidos, por ejemplo, hay un nuevo auge del vinilo como objeto de posesión”. Además, carga contra otros servicios de streaming como You Tube y MySpace. “No hay datos concretos en el país sobre la cantidad de descargas. YouTube y MySpace, por ejemplo, no tienen oficinas en Buenos Aires pero venden publicidad aquí y generan ingresos. A la hora de pagar, no lo hacen ante los titulares de fonogramas del país mientras síse ven obligados a hacerlo en el exterior, donde la normativa es más clara”.
Apilar discos será, en unos años, cosa de coleccionistas. Spotify, Sonora y sus familiares llegaron para quedarse. La historia sobre las formas de escuchar música recién comienza.
Y Google también
El rumor circulaba desde hace meses. Tras varias desmentidas, Google reveló el misterio y presentó la semana pasada una herramienta para buscar canciones en la red. La aplicación no permite descargar música. Introduciendo el título de una canción en la cuadro de búsqueda de Google, los usuarios verán enlaces a ese tema musical. Al activarlo escucharán parte o toda la canción suministrada por los socios de Google en este servicio, entre ellos Lala y iLike, propiedad de la red social MySpace.