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La idea que prevalece entre los agentes económicos es que el revisionismo que ejecuta el Indec debe pasar el filtro del Consejo Académico. Sin embargo, en el organismo hay muchas mejoras internas en marcha. Algunas afectan a los indicadores más relevantes, como el Indice de Precios al Consumidor (IPC). Otros serán menos visibles, como el cambio del año base de las cuentas nacionales, o el replanteo integral de la fórmula con la que se mide la evolución de la pobreza y la indigencia. A continuación, la última parte de la entrevista mantenida con Ana María Edwin (directora general), Norberto Itzcovich (director técnico) y Claudio Comari (director de la EPH).
–¿Es posible que a futuro haya distintos índice de precios al consumidor?
Norberto Itzcovich –Si, pueden existir si así lo recomienda el Consejo Académico. Es un tema que puede estar sobre la mesa de debate. También se puede dar algo como lo que existe en Francia o Gran Bretaña, que es que cada ciudadano haga sus ponderaciones y vea como impactan los precios en su realidad. Son programas que se ejecutan desde Internet, algunos con más desagregaciones que otros (N.deR.: El Cronista ofrece una versión similar a estos programas en su web).
–¿La carga de datos del IPC seguirá siendo manual?
NI –Nosotros queremos retomar el proceso abandonado de digitalización. Lo que estamos haciendo ahora, en principio para el IPC-GBA (después veremos si se puede extender a las provincias), es la toma de precios con computadoras. Cada encuestador va a tener una netbook con un sistema especialmente preparado. Esperamos salir en diciembre a modo de prueba. En la metodología del 2000, una de las cosas que se señalaba era que los precios debían ser relevados con computadora. Eso duró un año y medio. Después se volvieron obsoletas las computadoras y tampoco estaba prevista una actualización del software. Y después hubo que volver al papel. ¿Alguno de los técnicos que hoy nos critican se quejó por esto? Nadie dijo nada.
Ana Edwin –Lo que esto disminuye son los errores de ingreso de datos, que los ha habido.
–¿El programa que van a utilizar es un desarrollo del Indec?
NI- Sí, en realidad es el desarrollo que ya está hecho para el IPC. Lo que estamos haciendo es un aplicativo para instalar en cada terminal, que permita cargar la planilla con los datos que debe obtener cada encuestador y su posterior transferencia al sistema central. Estamos previendo incluso un porcentaje anual de recambio de máquinas, para prevenir que eventuales deterioros o robos de equipos en el terreno no afecten el trabajo de recolección. Esto implica tener un grado de planificación mínimo que antes no teníamos.
AE –El IPC es un buen programa para empezar a probar este tipo de tecnología porque son relativamente pocos encuestadores (alrededor de 50) y lo que tienen que cargar no es complejo. El objetivo es poder extender esta modalidad a otros indicadores activos.
–¿Cada encuestador tendrá pautada su ruta en la netbook?
NI –Si, cada terminal es asignada a un único encuestador, y le indicará que tiene que ir a la verdulería ubicada en un determinado lugar y tomar el precio de determinados productos (tomate perita, manzana deliciosa, papa negra, etc.). Después tiene que ir a la carnicería y hacer lo mismo. Hoy eso lo tienen en papel. El soporte magnético además permite hacer otro tipo de controles, como saber a qué hora y en qué lugar está el encuestador. Las netbook van a tener mecanismos de seguridad, como un bloqueo automático en caso de robo y la posibilidad de saber si salen datos de la máquina fuera de la descarga que se hará en el Indec, entre otros aspectos.
– ¿Están al día con las tareas preparatorias del Censo de población del 2010?
NI –Sí, estamos trabajando muy fuerte. El censo va a ser en octubre de 2010. El próximo 14 de noviembre estamos haciendo un censo experimental donde se prueba todo el funcionamiento pero en chico. Lo haremos en el partido de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, y en Tolhuín, Tierra del Fuego. El censo movilizará alrededor de 500.000 personas.
–¿Se va a avanzar en materia de concursos internos, uno de los pedidos que transmitió la UBA?
AE –Nosotros seguimos las políticas que se fijan para la administración nacional. Si el Poder Ejecutivo lo define, habrá concursos. De lo contrario, seguiremos funcionando como lo hacemos desde 1994, último año en el que se concursaron cargos en el Indec.
NI –Lo curioso es que esta política sea pedida hoy en día por personas que estuvieron al frente del Indec o que lo tuvieron a su cargo, pero que en esos momentos no se les ocurría hablar ni de autarquía ni de concursos. –¿Hay más indicadores que estén bajo revisión?
NI –Estamos trabajando muy fuerte en el cambio de base de las cuentas nacionales, que hoy es el año 1993. Antes de fin de año pretendemos cambiar la base a 2004, el momento en el que se hizo el censo económico.
También estamos reestructurando el índice de precios mayorista. Y ajustando el programa de Grandes Encuestas, que tiene un volumen de información muy relevante, pero muy desaprovechado. Hemos creado como una unidad estadística nueva sobre grupos económicos, en la que está trabajando un estudioso del tema, Miguel Khavisse. Otro punto donde estamos trabajando es en la medición de la inversión extranjera directa. El Indec es uno de los pocos institutos en el mundo que elabora la balanza de pagos. En general en otros países esa tarea recae en el Banco Central. Queremos mejorar esa metodología, que es bastante endeble. No son temas visibles, pero son mejoras institucionales importantes.
–¿Alguno de estos cambios involucra a las empresas?
NI –Sí, vamos a tener un Directorio de Empresas, algo que desde hace muchos años se planteaba como objetivo interno pero nunca se concretaba. La idea es que en algún momento no sea necesario hacer censos económicos. A través de una muestra representativa, se podría tener el valor bruto de producción, el valor agregado, puestos de trabajo e inversión de diferentes sectores de la actividad económica, por ejemplo.
AE –El marco muestral maestro extraer información de una base permanentemente actualizada y no depender de un conjunto fijo de establecimientos, lo que a veces nos somete al riesgo de que alguno de ellos desaparezca. El próximo censo nos va a permitir contar con una información similar pero para viviendas.