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El grado de desarrollo de un país no puede medirse solamente a partir del cálculo objetivo del PBI. Variables como el bienestar, que se define no sólo a partir de los recursos económicos, sino también de características cualitativas, y la evaluación de la sustentabilidad a largo plazo también inciden en el progreso social.
Esta es la principal conclusión a la que llegaron los miembros de la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social (CMPEPS, en sus siglas francesas), a raíz de la investigación que le encargó, insatisfecho con el estado de la información estadística, el presidente francés, Nicolás Sarkosy.
El informe presentado en Francia hace dos semanas fue difundido ayer por la embajada de ese país en Buenos Aires.
Los autores principales del documento son los economistas Joseph Stiglitz, de la Universidad de Columbia, Amartya Sen, de Harvard, y Jean-Paul Fitoussi, del Instituto de Estudios Políticos (IEP) de París, quienes partieron de la base de que “parece haber una diferencia pronunciada entre las mediciones habituales de las grandes variables macroeconómicas, como el crecimiento, la inflación, el desempleo, entre otras, y las percepciones generalizadas de dichas realidades” y que “lo que se mide tiene una incidencia en lo que se hace”, por lo que “si las mediciones son defectuosas, las decisiones pueden ser inadaptadas”.
Incluso, la inadvertida crisis económico-financiera mundial fue puesta como ejemplo de la falta de una “brújula fiable” que tienen las sociedades cuando fallan las estadísticas. “Uno de los motivos por los que esta crisis tomó de imprevisto a muchas personas es que nuestro sistema de medición falló y/o que los agentes de los mercados y responsables públicos no se habían centrado en los indicadores estadísticos correctos”, aclara el paper.
Según ejemplifica el informe, las mediciones habituales pueden dar a entender que la inflación es más reducida o el crecimiento más fuerte de lo que perciben las personas y que, en algunos casos, este fenómeno minó la confianza en las estadísticas oficiales. “En Francia y en Gran Bretaña, por ejemplo, un tercio de los ciudadanos apenas confía en las cifras oficiales y esos países no son excepciones”, aseguran los expertos en el documento.
Este informe generó una fuerte repercusión en la Argentina debido a los fuertes cuestionamientos que tienen las estadísticas realizadas por el Indec. En este caso, el problema no radica en las variables utilizadas para medir el crecimiento, sino en la manipulación de los índices para mostrar, por ejemplo, números de inflación, desempleo y pobreza más bajos de los reales.
Mensajes
Una de las principales recomendaciones de la CMPEPS es que “llegó la hora de adaptar el sistema de medición de la actividad económica para reflejar mejor los cambios estructurales que caracterizan la evolución de las economías modernas”. En algunos países –aclara–, el crecimiento de la producción se debe más a la mejora cualitativa de los bienes producidos que a su cantidad.
Otro de los mensajes apunta a lograr que el sistema estadístico se centre más en la medición del bienestar de la población que en la de la producción económica y que es conveniente que dichas mediciones se restituyan en un contexto de sustentabilidad. En el marco del bienestar material, la propuesta de los académicos es referirse más a los ingresos y al consumo que a la producción. Además, sugieren hacer hincapié en la perspectiva de los hogares; tomar en cuenta el patrimonio al igual que los ingresos y el consumo; darle mayor importancia a la distribución de los ingresos; ampliar los indicadores de ingresos a las actividades no mercantiles, entre otras.