03:00
Financial Times publicó un ránking de las 50 mujeres más importantes del mundo de los negocios y yo, que me encantan estas cosas, me dediqué a estudiarla. Primero, admiré el collar de dos hileras de perlas que lucía la CEO de Avon, los blancos dientes de la presidenta de Sara Lee y la piel perfecta de Yoshiko Shinohara, fundadora de la empresa japonesa Tempstaff y que parece más joven que yo cuando, en realidad, tiene 74 años.
A continuación leí los secretos de su éxito. La mujer que ocupaba el primer puesto, Indra Nooyi, la número uno de PepsiCo, dice que hay que esforzarse mucho y disfrutar. Irene Rosenfeld, de Kraft, asegura que debes dejarte llevar por tus sentimientos. El resto habla sobre la importancia de tener un mentor, de ser tu misma, del equilibrio entre la vida laboral y la familiar, del trabajo en equipo y de ser humilde.
Al leer esto, sentía como si me estuviera hundiendo en una silla bajita de espuma de la que no podía levantarme. No es que hubiera algo en concreto con lo que no estuviera de acuerdo. Es que todas estas mujeres, que han conseguido logros excepcionales, repiten mecánicamente la visión comprensiva que hoy se exige a todo CEO ya sea hombre o mujer.
Sólo había una nota discordante, expresada por Dong Mingzhu, número nueve de la lista y máxima directiva de un fabricante chino de acondicionadores de aire. “Nunca me preocupo. Nunca admito los errores y siempre tengo razón”.
Cuando leí esto me eché a reír. Era tan vigorizante, tan sorprendente y tan distante de la línea habitual que creí que estaba bromeando. Es el equivalente en el mundo de los negocios a decir que se ha cometido incesto o que se siente un gran respeto por los pedófilos.
Sin embargo, la Hermana Dong, como se la llama, consiguió resultados. Gree Electric Appliances ha conseguido una rentabilidad total para los accionistas del 529,5% en los últimos tres años.
Podría argumentarse que la escuela de la Hermana Dong Nunca Me Equivoco es algo que sólo funciona en China, donde la afición por la autocracia es considerable, y la teoría de los negocios aún se basa en ganar dinero.
Cuando fui a ver The September Issue, un documental sobre la vida en American Vogue, confirmé que el enfoque de la Hermana Dong Nunca Me Equivoco puede funcionar extraordinariamente en la industria más competitiva y evolucionada: la moda.
Anna Wintour, la editora jefe de la revista, es el alma gemela de la Hermana Dong en Manhattan. En el transcurso de la película, una de sus trabajadoras comenta que trabajar para la revista es “como pertenecer a una iglesia”. Durante 90 minutos, vemos a una mujer no muy agradable y bastante reprimida que nunca felicita a nadie y apenas sonríe, saliendo o entrando en coches conducidos por choferes y diciendo a sus trabajadores que su trabajo es feo o aburrido. Sin embargo, durante 20 años, esta mujer permaneció en lo más alto de su empresa, mientras que la mayoría de los CEO, hombres o mujeres, sólo resisten cuatro o cinco años antes de ser despedidos.
En la película, Wintour no hace algo tan vulgar como reflejar su propio éxito como dictadora. Así que lo intentaré hacerlo por ella y explicar cómo puede gobernar un tirano en occidente.
Primer paso. Contar con un genio como número dos que se atreva a fruncir los labios con desaprobación cuando te salgas de la línea.
Segundo paso. Tomar decisiones definitivas. Wintour simplemente lo hace sin vacilar.
Tercer paso. Exigir respeto, algo que no se consigue siendo simpático.
Cuarto paso. Tener la razón. Al igual que Dong, Wintour piensa que nunca se equivoca. Pero en su caso, lo extraordinario es que, en realidad, casi nunca se equivoca.
Conseguir lo mismo con acondicionadores de aire debe ser más difícil. A la Hermana Dong, y al resto de ejecutivos que dirigen complejas empresas globales, debe de resultarles terriblemente complicado decir si se equivocan o no. Entretanto tienen dos opciones. Pueden mandar mediante el miedo, algo que todavía funciona en China, y en el mundo de la moda o hacerlo recurriendo a los sentimientos y a los mentores y esperar que, en caso de equivocarse, nadie se de cuenta.