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La ley de medios y el viaje al Vaticano aceitan la relación entre la Iglesia y el Gobierno
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Luego de años de relaciones tensas y desconfiadas, la Iglesia y el kirchnerismo podrán tener en el final de este año una tregua: la Ley de Medios y el almanaque contribuyeron acaso de manera involuntaria a aflojar las caras de los participantes de esa tertulia.

En cuanto al proyecto que más menea el oficialismo en estos días, su texto reserva una buena dosis de beneficios para la institución madre de los católicos argentinos. El proyecto que ayer defendió Gabriel Mariotto durante horas en el Senado contiene un artículo muy agradable para la Iglesia. Es el número 31, y dice que “el otorgamiento de autorizaciones para personas de existencia ideal de derecho público estatal, para universidades nacionales, pueblos originarios y para la Iglesia Católica se realiza a demanda y de manera directa, de acuerdo con la disponibilidad de espectro, cuando fuera pertinente”. Ninguna otra religión posee ese beneficio, a pesar de muchos cultos -el caso más llamativo, el de las ramas pentecostales- considera a los medios de comunicación electrónicos una base fundamental de difusión de su doctrina.

En los ‘90, la Iglesia llegó a tener asignadas centenares de frecuencias merced a la resolución 850 del Comfer, aunque perdió gran parte de ellas por no usarlas o por alquilarlas a empresas. Hoy, aunque ni el propio Gobierno conoce con exactitud cuántas radios tienen los obispados, un funcionario del Comfer estimó que son “unas 140 en todo el país”. El propio Arzobispado de Buenos Aires, a cargo de Jorge Bergoglio, tiene a su disposición el canal 21, que transmitió en UHF una programación históricamente ninguneada por los operadores de cable, para disgusto de los obispos. En la cúpula católica ya no creen que las frecuencias sean algo para descartar. “Las bases de la Iglesia saben muy bien cómo usan los pentecostales las radios de baja frecuencia y la programación televisiva”, explica un conocedor de la interna de la institución que conduce la Conferencia Episcopal. Por eso, el plan oficial, que les asigna un trato preferencial, les resulta música en los oídos a los obispos. “Hoy, ellos apoyan el proyecto, y eso se vio con la participación de Monseñor (Agustín) Radrizzani (Presidente de la Comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal) en las audiencias en la Cámara de Diputados”, explica un hombre del Comfer.

El calendario histórico también ayudará. El 28 de noviembre, la Presidenta tendrá su primera audiencia con el Papa en los salones de El Vaticano. Serán unos 15 minutos a solas, después de compartir una reunión con Benedicto XIV y la presidenta chilena Michelle Bachelet, para conmemorar los 30 años de la mediación papal que en 1979 evitó que el diferendo por el Canal de Beagle entre las dictaduras argentina y chilena se transformara en guerra entre Buenos Aires y Santiago. El Secretario de Culto, Guillermo Oliveri, y el embajador ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero, están atando los últimos detalles del evento junto con sus contrapartes en Roma y del otro lado de la Cordillera.

La oportunidad servirá para poner en limpio la relación entre el Gobierno de Cristina Kirchner y la Iglesia. “Hoy, el único diferendo que queda en pie es el del obispado castrense”, calcula un funcionario, y deja a propósito afuera el conflicto entre los obispos y el Gobierno por las cifras de pobreza, que en buena parte del gabinete consideran a esta altura un caso perdido. “El Vaticano pedía que autoricemos la creación de dos obispados, el de Tierra del Fuego y el de Oberá. El de Tierra del Fuego lo cuestionamos porque no incluía a las Islas Malvinas, que son territorio argentino, y el de Oberá está en los últimos tramos de aprobación: incluso ya está reservada la partida presupuestaria”, informa un habitante de la Casa Rosada que conoce el día a día de las relaciones entre sotanas y trajes. Así, desde 2010, la estructura eclesiástica argentina tendrá 49 obispados y 14 arzobispados, para los cuales el Estado nacional destina unos 20 millones de pesos anuales -incluso un sueldo de $ 7.200 para cada obispo-, cerca del 10 por ciento del presupuesto estimado de la Iglesia.

Esas dos cuestiones -la Ley de Medios y la audiencia con el Papa- servirán para hacer más dulce la relación con la jerarquía católica y para menguar un dato que tienen muy presente en la Casa Rosada. Las gestiones de las dos figuras más urticantes para el kirchnerismo, el cardenal Jorge Bergoglio y Jorge Casaretto -titular de la Comisión de Pastoral Social-, obispo de San Isidro, tienen la misma fecha de vencimiento que Cristina: cumplirán 75 años -la edad en que se retiran las máximas autoridades de la Iglesia- en los últimos meses de 2011, cuando la presidenta termine su mandato. Tendrá que convivir con ellos hasta su último día.

Ignacio Miri, editor política imiri@cronista.com
2 Comentarios
Camboyano
Vamos al Vaticano o a chequear las cuentas para ver si Clarence no le rapiño nada?.-
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PINGUINFAN
Al campo y a la iglesia los pusimos de rodillas, quisieron desestabilizar un gobierno democratico no pudieron. Sigan Participando.
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