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Los indicadores, claro está, no iban a ser la novedad. La mayoría de los sectores que pasaron por el Segundo Encuentro de los líderes tenían un común denominador: freno en sus ventas. El campo por la pelea con el Gobierno y el congelamiento de inversiones ante la falta de certidumbre, las automotrices por la caída en la demanda doméstica y el impacto de la recesión global, el consumo por el efecto de la gripe A y el cambio de hábitos, la construcción y el negocio de real estate por la baja de escrituraciones, la tecnología por las idas y vueltas del famoso impuestazo.
Sin embargo, los 27 protagonistas que pasaron por el escenario de la Rural, prefirieron dar otro mensaje al momento de hablar de la Argentina.
No ahondaron en lamentar la foto actual, sino que se concentraron en proyectar la película futura. Oportunidades, desafíos y hasta optimismo fueron sólo algunas de las palabras de los expositores respecto de la economía que viene. ¿Cuáles son sus argumentos? La respuesta es múltiple: dicen que el propio peso del mundo y la recuperación de China e India será un tractor para el campo, aseguran que el efecto Brasil –que sigue haciendo bien sus deberes– reactivará la demanda doméstica contrarrestando la actual seducción bolivariana. Confían en un cambio de rumbo en cuanto a las políticas de Estado pero no se recuestan en ello para buscar excusas o lamentos.
Ese es uno de los títulos que marca que algo está cambiando en la Argentina. Y ese es uno de los títulos que recupera la esencia del rol empresario en el país. Del segundo encuentro de los líderes no surgieron pedidos de subsidios ni prebendas, sólo se reclamó un marco jurídico estable para que las inversiones vuelvan a ser noticia en nuestro país. Nada más, ni nada menos.