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Salomón “Tito” Medina busca en forma desesperada su independencia. En rigor de verdad, no la de él, que ya es bastante grande y tiene su comercio de trajes de novias en el Once desde hace 57 años sino que, como miembro de la comisión directiva de la Cámara de Comerciantes Mayoristas e Industriales (Cadmira), es uno de los impulsores de la independencia de Once de Balvanera.
Casi 200 años después del famoso martes 9 de julio de 1816, Medina no parará hasta que su barrio se convierte en el número 49 de la Ciudad, siguiendo el camino de Parque Chas y Puerto Madero, los últimos dos instituídos. “El hecho de no figurar en los planos de la Ciudad como barrio, trae aparejado un gran perjuicio para el comercio del Once, ya que la zona no se puede ubicar a través del elemento natural para su identificación”, se queja el directivo de Cadmira, cuya personería jurídica data de agosto del ‘47 y fue firmada de puño y letra del mismísimo Juan Domingo Perón.
El proyecto del nuevo barrio de Once ya fue avalado por los jefes de cuatro bloques legislativos: Christian Asinelli del Frente para la Victoria, Oscar Moschariello del PRO, Eduardo Epszteyn de Diálogo por Buenos Aires, y Enrique Olivera por la Coalición Cívica. Como se trata de un proyecto de doble lectura, ahora falta que pase por audiencia pública.
Los límites propuestos por el nuevo barrio son Hipólito Irigoyen, Alberti, Larrea, Juan Domingo Perón, Ayacucho, Córdoba, Ecuador, Juan Domingo Perón, Anchorena y 24 de Noviembre.
Balvanera, en tanto, quedaría reducido a Independencia, Entre Ríos, Callao, Córdoba, Ayacucho, Juan Domingo Perón, Larrea, Alberti, Hipólito Yrigoyen, 24 de Noviembre, Anchorena, Juan Domingo Perón, Ecuador, Córdoba, Gallo, Díaz Vélez, prolongación virtual a Sánchez de Bustamante (puente peatonal), Sánchez de Bustamante y Sánchez de Loria.
“Establecimos estos límites para dejar a la iglesia de Balvanera dentro de ese barrio”, explica Medina, quien exhibe los carteles del gobierno de la Ciudad distribuidos en los postes de luz ubicados en la calle Corrientes, entre Pueyrredón y Azcuénaga, con la leyenda del barrio de Once.
Funcionarios del Ejecutivo comprobaron en viajes de trabajo que en el exterior no se conoce a Balvanera, pero sí el Once. “Si hasta la Junta de Estudios Históricos de Balvanera nos reconoce”, se jacta el hombre, cuyo barrio alberga a 3.300 comercios.
Históricamente fue un barrio de la colectividad judía, pero con el correr del tiempo también se hicieron presentes armenios, árabes, chinos, coreanos, bolivianos y peruanos. Allí nació Enrique Santos Discépolo, autor, compositor, actor, director de la cultura popular. El rock nacional también tuvo su cuna en la Confitería La Perla, en la esquina de Pueyrredón y Rivadavia, donde se reunían músicos como Moris, Spinetta, Miguel Abuelo, Pajarito Zaguri, Tanguito y Lito Nebbia.
Pero también es, paradójicamente, un lugar que no existe. Tan porteño como el Obelisco, no apareció nunca en la guía Filcar. Nadie dice: “compré en Balvanera” pero se sabe dónde queda el Once. Incluso el 11 de noviembre se festeja el día del barrio. De ahí que sus vecinos proponen impulsar su existencia. No es para menos. Quizás nunca se lo quiso mencionar así por razones puramente políticas: el 11 de septiembre de 1852, con la revolución de Buenos Aires, se dio origen a muchos años de separación de la ciudad del resto del país.