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Hacer objetos con sus propias manos e imprimirles carácter personal era una cuestión cotidiana para el pequeño Peter, criado en una familia de artesanos en Basilea, Suiza. “La primera parte de mi educación tuvo que ver con esto. Nosotros hacíamos todas las cosas en nuestra casa. Era una cultura del hacer”, se retrotrajo Zumthor en una entrevista concedida a El Cronista un día antes de recibir el Pritzker 2009. Por ser el hijo mayor, su padre esperaba que él continuase con su negocio, pero no fue así. “En los diez años que siguieron, lo que hice fue escaparme de mi padre. Pero volviendo atrás, el trabajo de ebanista me sirvió como arquitecto, porque me ayudó a hacer las cosas”.
Quizás esto también determinó en Zumthor el cuidadoso y preciso uso de los materiales. Esa conexión primaria con la materia es, tal vez, lo que aporta el rasgo original de su obra. “El material aparece precozmente y no tardíamente en mi concepción. Si yo tengo una idea para un determinado paisaje, desde el comienzo tiene que ver con esto. La primera imagen, generalmente, ya está asociada a un material, que necesariamente tiene que resonar con el lugar”, definió el arquitecto, que sostiene que la arquitectura no se construye con ideas sino con materiales.
En el repertorio de Zumthor se destacan las Termas de Vals (Suiza), el Kunsthaus Bregen (Alemania), el Museo de Arte Kolumba (Cologne, Suiza), la Casa Zumthor (Haldestein, Suiza) y la Capilla del St Brother Klaus (Mechernich, Alemania) inaugurada en 2007. Esta obra está dedicada a Niklaus Von Flüe, un mítico granjero alemán del S XV, beatificado y canonizado. Entre sus proyectos en curso, Zumthor destaca el monumento que conmemora a las brujas quemadas en Finnmark, en el norte de Noruega. También un proyecto urbano en Leiden, Holanda, y un hotel en el desierto de Atacama, Chile, su primera obra en Sudamérica.
Zumthor, quien visitó por primera vez Argentina, declaró si pudiera proyectar en el país, haría “algo que no fuese demasiado comercial y más relacionado con viviendas que con oficinas. Pero primero tendría que ver que el cliente esté interesado en las mismas cosas que yo, en materia de calidad y de atmósfera”, aclaró. “Podría ser 500 viviendas para familias”, agregó.
Para Zumthor, los proyectos parten de (y vuelven a) la emoción pero precisan de la razón para encaminarse y llegar a ser. “Si miramos a una persona por primera vez, tenemos una primera impresión que es emocional. No sabemos de dónde viene. Cuando uno ingresa en un espacio y experimenta la arquitectura, ocurre exactamente lo mismo. No hay nadie que explique qué es hermoso y qué no lo es”. Entonces, para el arquitecto la idea comienza con una imagen emocional, una sensación, una reacción. “Pero en el medio, uso mi razón para controlar lo que siento. Para entenderlo, más bien. Entonces, tenemos el sentimiento al principio y al final también. Y el camino racional en el medio”, dijo.
Sentado en un salón del Palacio Duhau - Park Hyatt Buenos Aires con absoluto aplomo y simpatía, Thomas Pritzker (dueño de la cadena hotelera Hyatt e hijo del creador de este premio) se refirió a Zumthor como “un hombre del Renacimiento”, aunque aclaró que no tuvo nada que ver en la elección del ganador. “Ni siquiera supe quiénes eran los candidatos. Descubrí al ganador cuando salió el humo blanco”, bromeó.
En otra sala, esa misma tarde, el presidente del jurado que seleccionó al ganador explicó el proceso de selección, los objetivos del premio y lo que ponderaron en Zumthor por sobre los otros candidatos. Lord Palumbo destacó que lo atractivo es que se trata de una persona muy reservada, que no viaja por el mundo construyendo edificios indiscriminadamente y que no pertenece al star system de la arquitectura.
“El elige cuidadosamente los proyectos que acepta. Rechaza muchos más de los que admite. Además, ejecuta las obras con muchísimo cuidado y utiliza materiales tradicionales”, aclaró. “Lo elegimos por la integridad y la personalidad de su trabajo. En cierta forma, es un poco minimalista y muy poética”, agregó.
Esta decisión es mucho más que un gesto. Un nombre que no suena en el medio como Zaha Hadid, Jean Nouvell, Norman Foster o Rem Koolhas. Una obra que no se destaca por la exuberancia ni por romper la estética posmoderna. Zumthor no construyó espectaculares rascacielos y no transforma el paisaje con una obra disruptiva. Más allá de si fue o no una estrategia o de si se está volviendo a una arquitectura más conservadora o más profesional, como muchos opinan y discuten, esta elección fue toda una lección.
Lorena Obiol