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Tocqueville decía de la Francia de su época que tenía ‘hombres respetables’, pero ‘pobres ciudadanos’ . Para que una democracia funcione bien, debemos ser ciudadanos, es decir, participar activamente en la vida cívica. La importancia de la vida cívica se remonta a la idea de virtud cívica de los griegos.
La Argentina de hoy está llena de personas honestas, trabajadoras, generosas. Pero como la Francia de Tocqueville, los argentinos somos pobres ciudadanos. Esto lleva a la pregunta de si el autoritarismo político en la Argentina se origina en la prepotencia del que atropella o en nuestra propia pasividad, en tanto no sabemos poner límites en las urnas. Mientras un presidente de Estados Unidos fue removido por usar agentes de inteligencia para espiar a la oposición, entre nosotros el gobierno de turno usa la SIDE para espionaje interno sin reacción alguna de la sociedad. Entonces, es natural que un gobierno se pregunte por qué no avanzar más.
Así, en enero del 2007 el gobierno intervino el INDEC. En reemplazo de la medición estadística, instauró una inflación oficial del 8,5% en 2007 (contra 17% de inflación real según estimaciones privadas). Si bien hubo protestas tanto de especialistas como de empleados del INDEC (que en www.ateindec.org.ar juntan firmas a favor de estadísticas confiables), en las elecciones de octubre de 2007 el oficialismo no fue castigado por el voto de la población.
Se podría dar como contraejemplo de la apatía ciudadana la rebelión fiscal del campo contra la resolución 125 de marzo del 2008, que se transformó en un movimiento político generalizado en el interior del país por la total desproporción entre lo que aportan como contribuyentes y lo que reciben como bienes públicos. El estado de movilización fue tal que, contra toda lógica política, el gobierno no consiguió imponer la medida pese a contar con una mayoría cómoda tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados.
Sin embargo, la misma rebelión f
iscal ilustra la falta de información del electorado. Cristina Fernández de Kirchner alcanzó el 45% del total de votos nacionales, perdiendo sólo en tres distritos: la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y San Luis, donde consiguió entre el 11 y el 24% de los votos. En la Provincia de Buenos Aires el triunfo de Cristina no fue sólo por el conurbano: consiguió el 41% de los votos en los departamentos donde predomina el campo; en las otras tres provincias pampeanas, el apoyo a Cristina fue mayor en los departamentos rurales que en las áreas urbanas: 31% en Córdoba, 40% en Santa Fe y 45% en Entre Ríos (ver el Atlas Electoral de Andy Tow en la web). Es decir, en las cuatro provincias epicentro de la protesta rural, los votantes rurales apoyaron al oficialismo en octubre del 2007 a pesar de todo tipo de arbitrariedades de Néstor Kirchner hacia la actividad agropecuaria, como los precios máximos a la leche y la suspensión de las exportaciones de carne en marzo de 2006. El campo sólo reaccionó cuando los impuestos llegaron a un nivel confiscatorio.
Están surgiendo contraejemplos constructivos a la pasividad ciudadana, como los padres de chicos del Colegio Ecos que murieron en la ruta nacional 11 en octubre del 2006 por culpa de un conductor alcoholizado. Los padres consiguieron recolectar casi 400 mil firmas a favor de una mayor seguridad vial (www.tragediadesantafe.com.ar). El reclamo por la deficiente infraestructura y la falta de control en las rutas nacionales llevó a que el gobierno nacional impulsara el Convenio Federal de Seguridad Vial y creara la Agencia Nacional de Seguridad Vial en el 2008. A través de una toma de conciencia de la sociedad, estos movimientos cívicos presionan a los políticos a mejorar.
La protesta no resuelve nada sin un voto más informado. Por tanto, la queja de que el Congreso se transformó en una mera ‘escribanía del gobierno’ vuelve en última instancia sobre nosotros, porque en octubre del 2007 los argentinos no sólo confirmamos al matrimonio Kirchner en el poder ejecutivo, sino que también le dimos a un solo partido una mayoría abrumadora en ambas cámaras legislativas. Para Montesquieu, para que un partido no abuse del poder, es crucial que los votantes estén dispuestos a votar por otro partido; sin contrapesos al poder ejecutivo, la separación de poderes no asegura la libertad.
El politólogo Arend Lijphart señala que la contracara de una pobre cultura cívica es una pobre calidad de democracia con políticos poderosos que no tienen que responder a los ciudadanos. Por eso, en Argentina el problema de fondo no son los políticos ineptos y autoritarios que ahora la gobiernan, el problema somos nosotros como sociedad. Nos falta tomar conciencia de que nuestro bienestar individual depende de involucrarnos en la vida cívica del país e informarnos a la hora de votar.