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El otro día estaba yendo a un cumpleaños en casa de un amigo y al llegar me di cuenta que todos tenían un cartelito en la manga de sus remeras, como la publi de Unicef en la remera del Barca, que decía Copyright Facebook y me pregunte ¿qué está pasando?
Recuerdo, allá por los comienzos de internet, que se decía que esto solo nos iba a separar, a generar más distanciamiento, desunión. Que si trabajábamos desde nuestras casas no se fomentarían las relaciones humanas tal como se las conoce si no que iban a ser ‘virtuales y frías‘. Dios! Qué suerte que se equivocaron. Las redes sociales han hecho que nos acerquemos y reencontremos.
Y ahora en los tiempos de crisis vamos a necesitar de ellas más que nunca. Vamos a necesitar estar unidos, comunicados, cerca.
Así como existió el renacimiento, barroco y demás, esta era será denominada ‘Comunicación‘. Los humanos evolucionamos en la forma de comunicarnos, en acercarnos unos a otros y ya somos parte de este proceso que solo es el comienzo.
Nos sorprendimos con la película ‘The Truman Show’, odiamos a ‘Gran Hermano’, hablamos pestes de ‘El Bar’, nos rasgamos las vestiduras con ‘Cuestión de Peso’. Pero resulta que ahora todos queremos mostrar nuestra vida a cada segundo. Ya no son 15 minutos de fama. Es el sueño de ser famoso pero fomentado por nosotros mismos. Nuestro propio reality. Queremos que los demás sepan que hacemos, cómo y cuándo. Pensar que mi madre me decía ‘cuando llegues a la casa de Ariel llamame’ y pobre nunca la llamaba y ahora no puedo dejar de comunicar mi estado, el que estoy haciendo y en donde. ¿Qué me va a decir mi hijo cuando le pida que me avise si llego bien? ¿‘Entrá a Facebook y fijate’?
Y de golpe la semana pasada el mundo entró en pánico. Tomamos conciencia de la verdad. De lo frágiles que somos cuando el sitio de Mark Zuckerberg (creador de Facebook que aun no ha sucumbido a la tentación de vender de su empresa) hizo un cambio en los términos y condiciones de uso del sitio donde dejaba claro que todo el contenido ahí volcado es propiedad de FB, incluso si uno abandona la red social los mismos no son borrados.
Uh! ¿Y mis fotos de la primaria? ¿Los recuerdos del viaje de egresados? ¿Los comentarios que me hacen mis amigos? ¿Mis estados o el que estoy haciendo? ¿Ya no me pertenecen?
¿Cada vez que vea una foto mía voy a tener que pagar derechos de autor a FB? ¿Mi nombre no es más mío? Pucha ahora estamos más complicados que antes. Las preguntas existenciales han sido reformuladas.
Por el momento Facebook ha dado un paso atrás. Pero esto nos abre la gran incógnita de a donde vamos. Yo por lo pronto seguiré disfrutando de Facebook feliz, y si quieren quedarse con mis cosas, que se las queden.
Que va a hacer, como lo dicen Los Piojos, cosas de la civilización.