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Hasta hace pocos meses, mientras la turbulencia económica y financiera sacudía al mundo, Latinoamérica pensaba que podía escapar a lo peor. “La gente me pregunta sobre la crisis y yo contesto, ‘pregúntenle a Bush’, la crisis es de él, no mía”, decía el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Pero ahora es también la crisis de Lula. La producción industrial de Brasil se hundió 6,2% en el año a noviembre, según cifras anunciadas esta semana y marcó la declinación más abrupta desde diciembre de 2001.
Y en todo el resto de la región se produjo una destrucción de riqueza a gran escala. Claudio Loser, ex jefe para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional calcula que, en América latina, 40% de la riqueza financiera fue barrida en los 11 primeros meses de 2008, por las caídas de los precios en los mercados de acciones y otros activos. El analista estimó que esta pérdida de u$s 2,2 billones puede reducir, por sí sola, el gasto doméstico en 5% en los próximos 12 meses.
Además, por la salida de fondos y el colapso en los precios de los commodities, caen drásticamente los pronósticos de crecimiento. Los economistas estiman que el Producto Interno Bruto regional crecerá sólo 1,4% este año, y piensan que México podría deslizarse levemente hacia territorio negativo.
Sin embargo, las lecciones aprendidas en crisis pasadas parecían proteger la zona. En los últimos años muchos gobiernos redujeron el endeudamiento extranjero, mantuvieron bajos los ratios de deuda, evitaron los riesgos de devaluación y acumularon divisas. Además, vigilaron a sus bancos y se aseguraron de que estuvieran en general libres de la deuda tóxica estadounidense.
Pero el peor shock global en casi un siglo expuso algunas debilidades. En Brasil y México, por ejemplo, varias compañías acordaron una serie de contratos derivados problemáticos con un grupo de bancos de inversión. Eso las hizo buscar desesperadamente dólares en octubre, lo que derrumbó al real y al peso mexicano. “La ironía es que eso ocurrió en el sector corporativo, porque vigilábamos mucho a los bancos”, dijo Guillermo Ortiz, presidente del banco central de México.
Los países hasta ahora menos afectados por la crisis son los que ya estaban fuera de los mercados internacionales, como Ecuador, Venezuela y la Argentina, que tampoco escaparán al bajón porque sus gobiernos gastaron mucho durante el boom de los commodities. Sus antecedentes de crisis financieras y defaults limita las opciones para la Argentina, y el temor de la gente a que los gobiernos debiliten la moneda implica que una herramienta como la devaluación es considerada inútil, porque cualquier beneficio sería absorbido por la inflación.
Pero no sólo en la Argentina están limitadas las opciones en materia de políticas. Hay dudas sobre si los gobiernos latinoamericanos tienen la credibilidad necesaria como para poder contrarrestar la recesión haciendo más laxas las políticas monetarias o fiscales. Parte del problema deriva de los propios esfuerzos de EE.UU. por combatir la crisis. Guillermo Calvo, economista de la Universidad de Columbia, dijo que este país está “dejando a Latinoamérica y a otros mercados emergentes” afuera de los mercados de deuda.