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n En febrero de 2003, Chávez impuso el control cambiario en Venezuela. Por decreto, limitó el acceso de los ciudadanos a las divisas del Gobierno. Ahora bien, los decretos emitidos no prohibían, ni podían prohibir, ciertos tipos de transacciones, como la conversión de acciones de empresas locales en sus equivalentes extranjeras, creando así lo que era esencialmente un mecanismo para sacar el dinero o traerlo de vuelta. Una segunda posibilidad era hacer una “permuta” de un bono en bolívares por uno en dólares (ambos esquemas se conocen en Argentina como “contado con liquidación”). En este contexto, no tardó en desarrollarse un mercado paralelo legal para las transacciones con divisas. A medida que este mercado se hizo más organizado, los volúmenes empezaron a expandirse. Ya que el flujo neto de divisas era hacia afuera, la presión sobre la tasa de cambio en el mercado paralelo se hizo más intensa y el valor del dólar se incrementó. En ese punto, un asesor de Wall Street le sugirió a Chávez una forma de reducir esta presión, emitiendo un bono soberano venezolano en dólares, pero vendérselo a los inversores locales en bolívares, como una forma legal y por una sola vez de sacar dinero a una tasa más barata que la del mercado paralelo. Esto funcionó tan bien, que el gobierno hizo lo mismo muchas veces, aflojando la presión sobre el mercado paralelo. Entonces fue creado por ley el Fondo de Desarrollo FONDEN, al que se le dio parte de las reservas internacionales con el mandato de que las gaste en divisas extranjeras. El FONDEN fue quien salió a comprar los bonos de la Argentina, para vendérselos a los bancos locales en bolívares, los cuales luego venderían los dólares obtenidos de la venta de los bonos en el exterior en el mercado paralelo local. Esto permitió a FONDEN obtener bolívares y proporcionó dólares al mercado paralelo.