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Henry Paulson, secretario del Tesoro de Estados Unidos, tendrá que enfrentar el tema de los miles de millones de dólares en activos tóxicos que siguen en los balances de los bancos de su país cuando brinde hoy en Washington una actualización del paquete de rescate financiero.
Originalmente, el programa de ayuda para activos en problemas (TARP, por la sigla en inglés) por u$s 700.000 millones, aprobado el mes pasado por el Congreso, fue pensado para que el gobierno lo usara para adquirir esos activos. Pero a los pocos días de promulgar la ley, la administración dio un giro de 180 grados en lo que respecta a la decisión de usar los fondos para recapitalizar directamente el sistema bancario, lo que dejó a las firmas que contaban con el programa preguntándose si llegará a implementarse.
El lunes, Neel Kashkari, asistente interino del Tesoro para Estabilidad Financiera, transmitió poca seguridad a los mercados con respecto a las perspectivas del plan. Cuando se le preguntó si el Tesoro podría empezar próximamente a concretar esas compras, Kashkari dijo que no podía dar una fecha porque Paulson será quien tome esa determinación.
Cada vez hay más temor a que la falta de claridad con respecto a las compras de activos pueda prolongar la crisis, al demorar el proceso de fijación de precios para los valores hipotecarios con problemas.
Un administrador senior de hedge funds le dijo al Financial Times que “eliminar los activos tóxicos de los balances es el único modo de detener las pérdidas. Inyectar capital es sólo un parche temporal, y si el TARP se hubiera ejecutado cuando se propuso, se habrían evitado las enormes pérdidas de las últimas semanas por depreciación de activos”.
Aún cuando las condiciones en los mercados de dinero de corto plazo se han aliviado, los precios de los títulos con respaldo de hipotecas se deterioraron. Los bancos y los inversores se muestran poco dispuestos a vender porque no saben si podrán conseguir un precio mejor si el gobierno finalmente decide intervenir.
La incertidumbre sobre la suerte de este programa de compra de activos se ha visto exacerbada por la confusión que reina con respecto a hasta qué punto el gobierno comprará préstamos hipotecarios completos o títulos con respaldo de hipotecas, si opta por avanzar con el programa.
“No tenemos claro cuál es el mandato. ¿El programa apunta a resolver la crisis del crédito y los problemas de liquidez en los mercados, o busca solucionar los problemas subyacentes de caída en los precios de las viviendas?”, se pregunta Thomas Hamilton, director gerente de JPMorgan Securities. Para él, “si la meta es apoyar la liquidez, la compra de títulos es la manera más efectiva de lograrlo. Si el objetivo es lograr que la gente pueda conservar sus casas, entonces el dinero debería usarse de otros modos, como la compra directa de préstamos”.
Las dudas sobre el programa de compra de activos coinciden con la creciente inquietud sobre la efectividad del plan de recapitalización. En el Congreso, los demócratas insisten en expresar su preocupación porque, según dicen, los bancos no usan el dinero del gobierno para volver a poner en marcha el ciclo del crédito, sino que lo aprovechan para fortalecer sus balances, hacer adquisiciones, o pagarle a sus ejecutivos.