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Las curtiembres dejaron retirar materia prima de los frigoríficos, porque no tienen donde colocar los cueros curtidos, según dicen, por efecto de la crisis internacional. El dato, que dio a conocer la cámara de frigoríficos Fifra, fue ratificado por el titular de la Cámara de Frigoríficos de Santa Fe (Cafrisa), Jorge Torelli. “Esta semana, no se les retirarán los cueros frescos a más del 20% de las industrias socias”, indicó.
Los principales demandantes de cueros argentinos, entre ellos las automotrices –que usan el producto para su tapicería– y las fábricas de marroquinería, se han retirado del mercado, en un acto que refleja las dimensiones del impacto de la crisis en la economía real.
Hace unos días, el titular del Sindicato de Obreros Curtidores de Capital y Gran Buenos Aires (SOC), Walter Correa, alertó sobre más de 1.000 despidos en curtiembres de todo el país. Ayer, fuentes de pequeñas industrias regionales reconocieron a El Cronista que ya adelantaron vacaciones y suspendieron personal, mientras piensan en el siguiente paso: empezar a recortar la planta.
Pese a que la exportación de cueros, principal destino del producto, está concentrada en cinco compañías que envían al exterior más de 63% del total (Sadesa, Arlei, Toredo, Fonseca y Curtarsa), la producción está distribuida en más de 200 establecimientos fabriles. Según datos de la Cámara de la Industria Curtidora Argentina (CICA), que agrupa a las empresas del sector, los cueros generaron en 2007 un ingreso de divisas superior a los u$s 900 millones, “con un movimiento económico superior a los $ 3.500 millones de pesos, ocupando en forma directa o indirecta a más de 50.000 trabajadores”.
Según los frigoríficos locales, las curtiembres les recortaron un 50% el precio del cuero crudo desde su valor de enero, y hoy están pagando cerca de u$s 0,60 por kilo.
Por cuestiones arancelarias, los frigoríficos no pueden exportar el cuero tal como lo obtienen al extraerlo del animal, ni con el mínimo proceso de salado que podrían darle, pues estos envíos tienen cargas un 30% superiores, según fuentes de la industria. Se trata de una vieja puja, en la que los frigoríficos se consideran rehenes de los curtidores.
La situación viene a agravar la crisis en las plantas de faena vacuna, que ya se vienen viendo perjudicadas por el recorte de las exportaciones y la reducción del valor internacional de la carne, que alcanzó más del 50% en tres meses.
Según Torelli, sin la posibilidad de vender el cuero remanente de la faena, la industria cárnica pierde una fuente importante de financiamiento: cada semana, con lo que les queda de la venta de los cueros a la industria curtidora, los frigoríficos pueden ir costeando sus gastos hasta cobrar la carne que comercializan. Así “se evita trasladar ese costo a las reses”, explicó el ejecutivo.
Pese a esta menor liquidez, las
restriscciones a las exportacio-
nes y los menores precios inter-
nacionales generaron una so-
breoferta de carne en el merca-
do local, que hace difícil pensar
en un aumento en góndola.