Se realizan por estas horas reuniones clave, aquí, en Washington, que sin dudas definirán el nuevo escenario económico mundial tras la hecatombe en que se encuentran sumidos los mercados del planeta. Las principales potencias del mundo desarrollado se juegan su última carta: un plan de rescate global.
La apuesta no es menor. ¿Y si esto no funciona, que resta? Pase lo que pase, está claro que el mapa mundial no será el mismo tras esta crisis, sin precedentes desde 1930. Estados Unidos luce debilitado, al igual que otras potencias de Europa. Mientras tanto, China intenta resistir y los mercados emergentes aun evalúan cual será el impacto en sus economías.
Las horas pasan y si antes del lunes las principales potencias del mundo no acuerdan un plan contundente para frenar el temor en los mercados el planeta podría adentrarse en otra semana de alta tensión. Los mecanismos tradicionales de política monetaria parecen no funcionar en este contexto.
Las bajas de tasas para inyectar dinero fresco no calman a los mercados. El mundo luce inmerso en una ‘trampa de liquidez‘, tal como la definió John Maynard Keynes hace casi 70 años atrás. El mecanismo de trasmisión entre la política monetaria y los mercados está debilitado.
El gobierno estadounidense (que en un primer momento atinó a ‘dar una lección‘ a los mercados al dejar caer a Lehman Brothers y otras entidades) ahora está a punto de anunciar una nacionalización parcial de su banca. Optó por evitar el denominado ‘riesgo sistémico‘, aun a costa de un mayor ‘riesgo moral‘ (moral hazard, en inglés) en el futuro.
Cuando se apague el actual incendio el debate que sigue está cantado: ¿Qué incentivos tendrán en el futuro los bancos para no dar créditos malos y mantener una buena cartera? Si, total, saben que la experiencia indica que en última instancia el Gobierno sale a socorrerlos y se hace cargo de esos préstamos, ahora denominados ‘tóxicos‘.
Mientras tanto, el ‘efecto Jazz‘, como lo bautizó Cristina, ya inquieta a más de uno en la Rosada. Se desplomó la soja, se disparó el dólar y la bolsa de Buenos Aires no escapó a la debacle mundial.
El escenario económico internacional, tan favorable para la Argentina en los últimos años, se transformó con una rapidez inédita. Habrá que observar de cerca la pericia de los capitanes del barco para navegar en aguas ciertamente turbulentas. Con caída de recaudación, mayor presión cambiaria, menores exportaciones y desaceleración en el nivel de actividad. No dejará, aunque sea como consuelo, de ser una prueba de fuego para el modelo.