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Cuando el presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva dijo que Lionel Messi es el mejor jugador de fútbol del mundo y que sintió vergüenza al ver a la selección de su país contra Argentina en los Juegos Olímpicos, seguramente no pensó en que sus palabras provocarían la reacción de los futbolistas del scratch. Pero difícilmente Cristina Fernández haya actuado con similar inocencia cuando manifestó su “envidia” por el empresariado brasileño, este fin de semana. Los empresarios argentinos, como los futbolistas de Brasil, recogieron el guante.
Representantes de diversas ramas productivas levantaron la voz para expresar su desacuerdo con la Presidenta. Industriales, ruralistas y comerciantes por igual dijeron envidiar las “políticas sostenidas” que hay en Brasil, los créditos “accesibles” del Banco Nacional de Desarrollo (Bndes) y la previsibilidad jurídica que, dicen, falta por estas tierras. Y hasta propusieron vestir a Messi de amarillo a cambio de que Lula se ponga la celeste y blanca.
“Esto tiene que ver con la continuidad de las políticas en Brasil y la discontinuidad en Argentina”, evaluó un alto dirigente empresario. “El espíritu emprendedor (del brasileño) tiene que ver con eso. En Argentina no hay una trayectoria de apoyo a las inversiones, que afecta a la actitud de los empresarios”, siguió. “Deberíamos tener lo mismo que tienen los empresarios brasileños: 30 años de política industrial consolidada, enorme crédito a las inversiones y promociones regionales... a mí también me gustaría tener esa clase de dirigentes”, dijo un industrial.
Otro importante hombre de negocios –siempre off the record– evaluó que la declaración de Fernández en Brasil, donde inauguró una planta de IMPSA, la empresa de Enrique Pescarmona, tiene un trasfondo ideológico. “Cristina está enfrentada con los empresarios desde hace rato. Para ella, los empresarios son malos, excepto sus amigos”, acusó.
Sólo los dirigentes ruralistas, quizás resignados a que su relación con el Gobierno no tenga arreglo, se animaron a responderle a la Presidenta con nombre y apellido. El vicepresidente y próximo líder de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, manifestó: “Nosotros envidiamos las condiciones con las que trabajan los brasileños. Muy distinta sería la situación económica para Argentina si aquí tuviéramos las mismas políticas de estímulo y financiamiento que encuentran los empresarios brasileños en su país”.
El vicepresidente de Confederaciones Rurales (CRA), Ricardo Buryaile, prefirió la ironía: “Yo también siento envidia, porque (Brasil) tiene una clase industrial que no vive de prebendas y gana mercados por si sola, tiene productores que se nuclean y tiene una dirigencia política que no juega en contra de su propio país”, dijo, y propuso un cambio: “Lula por Messi, pero démoslo en préstamo y sin opción a compra”, se atajó.
Cristina dijo el sábado que “a veces” sentía “un poquitito de envidia de Brasil y su la clase empresarial, que lo ha llevado a ocupar el lugar que hoy tiene en la economía mundial”.
Desde algunos sectores interpretaron sus dichos como un mensaje al sector de la UIA que responde a Ignacio De Mendiguren, quien semanas atrás levantó la voz por el alza de los costos y la inflación y provocó una respuesta del Gobierno y del ala más dialoguista de la entidad empresaria, la conducida por su presidente Juan Carlos Lascurain. De Mendiguren, de viaje por España, prefirió esquivar la polémica.