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No es casual que el jamaicano Usain Bolt bata el récord mundial de velocidad con el calzado desatado, o que ingrese trotando en los selectivos para la final de los 200 metros llanos. Tampoco es casual que no alcanzaran las banderas en el Nido de Pájaro cuando tres jamaicanas coparon el podio. La medicina dice que esa potencia proviene del “Actinen A”, un componente en las fibras musculares de contracción rápida que está presente en un 70% de la población jamaicana. Y los marketineros le sacan el sombrero y le dicen “chapeau” a la gente de Puma, que desde hace un tiempo intentó posicionarse como la “marca más deseada”. La empresa que creó Rudolf Dassler (hermano de Adi, el de las tres tiras) quiso mostrar que no necesariamente el deportista tiene que ser serio, solemne y sacrificado para estar en un podio. ¿Cómo lo hicieron? Detectaron que los atletas jamaicanos eran veloces y tenían mucho futuro de medalla, y comprobaron en los estudios de mercado que, sea por el reggae o por las rastas en la cabellera de muchos de sus habitantes, son considerados divertidos. Puma decidió unir esos dos mundos vistiendo a los miembros de la Federación Atlética Jamaicana. Por eso, éste triunfo en Beijing es de un puñado de atletas, de una Nación, pero también se festeja en la casa central de la marca en Alemania. Puma apostó por Jamaica. Le diseñó indumentaria con toda la tecnología necesaria para que los atletas bajaran tiempos, pero a su vez capitalizó ese patrocinio haciendo una línea de moda, bautizada “Jamaica”, que consta de zapatillas, remera y carteras para ir a bailar, como Bolt cada vez que cruza la meta.