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La apuesta estaba hecha. Sin la presencia de Tiger en los últimos dos Majors del año, todos se preguntaban quién sería capaz de aprovechar semejante ventaja para capturar alguno de ellos. Mickelson y García encabezaban la lista de favoritos. Pero fue el irlandés Padraig Harrington, en silencio, quien se apoderó de los dos, y les cerró la puerta al resto. En el año 2000, junto a un grupo de argentinos, vimos como el hoy catapultado Harrington perdía en Itanhanga el Abierto de Río de Janeiro en desempate, con Roger Chapman en el agua y él en el centro del fairway. Un año antes, cinco segundos puestos y un récord negativo de 0-4 en play off, ponían a Harrington en la lista negra de automáticos perdedores. Su primera victoria en muerte súbita llegó justo ante Eduardo Romero en el Dunhill Links Championship de 2002. Desde entonces, su suerte cambió, parece que definitivamente. Pese a visitar dos veces el agua en el hoyo 72 de Carnoustie, Harrington le ganó a Sergio García el British Open 2007 y capturó su primer Grand Slam. Trece meses después, el irlandés ya tenía tres torneos mayores. Pero, lo más interesante, ha sido la paternidad que ha ejercido sobre el español en los últimos tiempos. La misma que durante años Nick Faldo tuvo sobre Greg Norman y que llegó a su punto culminante en el Masters de 1996. Esa especie de fantasma que asusta con su mera presencia y que, justo en el día del niño, le dejó claro a García que le será muy difícil deshacerse psicológicamente de él. El tiempo dirá si el “niño” lo seguirá sufriendo y si Harrington se consolidará como el rival a vencer por Woods.