En las dos apariciones públicas que realizó tras la noticia de que iba a reemplazar a Alberto Fernández como jefe de Gabinete, Sergio Massa se mostró especialmente preocupado por hablar de “Tigre”, no el equipo de fútbol del que es hincha sino la ciudad al frente de cuya Intendencia asumió en diciembre pasado.
Llegó a decir que “trabajará para Tigre desde la jefatura de Gabinete”, lo cual es una definición bastante extraña teniendo en cuenta las tareas que deberá encarar en una situación política como la que vive la Argentina en estos momentos. En sus dos contactos con la prensa Massa mencionó más veces Tigre que, por ejemplo, “campo” o cualquier otra expresión que lo conecte con la coyuntura que deberá abordar en su nueva posición.
El futuro funcionario del gobierno de Cristina intenta anticiparse, de esta manera, a la posible andanada de críticas que recibirá por dejar tan rápidamente el cargo para el que fue electo hace seis meses.
No es un debate nuevo, siempre que se producen estos movimientos, con legisladores que no terminan su mandato para asumir en cargos ejecutivos o, al revés, dirigentes que ostentan cargos ejecutivos con fecha de vencimiento que piden licencia para hacer campaña para cargos legislativos, se reaviva el debate.