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Los altos directivos de Merrill Lynch podrán usar mucho menos los jets privados de la compañía, ya que ahora deben obtener autorización directa de la sede global de banca de inversión y demostrar que no existe un método alternativo de transporte.
Estos cambios reflejan la situación de la empresa financiera, que la semana pasada anunció que había amortizado u$s 9.400 millones, una cifra que resultó mayor de lo que esperaban los analistas.
Además, Merrill informó una pérdida de u$s 4.600 millones en el segundo trimestre, con lo que el total de pérdidas en los últimos cuatro trimestres llegó a u$s 19.000 millones. Con estos resultados, la firma ha quedado entre una de las más golpeadas por las turbulencias financieras del último año.
Este ajuste en el uso de los jets es parte de un agresivo intento del banco de Wall Street por reducir sus gastos administrativos. Al recortar los costos de este tipo, la compañía busca contar con más aire cuando tenga que tomar decisiones relacionadas con la reducción de personal y el pago de bonus, a medida que la desaceleración económica reduzca aún más su facturación por las actividades de banca de inversión.
De todos modos, Merrill ha dicho que también se ha concentrado en reducir las filas de directivos senior, a nivel de vicepresidentes y directores gerentes
Con las restricciones en el uso de aviones privados la firma quiere atacar los costos ocultos que crecieron enormemente en los años de auge económico y demostrar que los directivos del grupo comparten los recortes con todo el personal. Se ha pedido también a los ejecutivos que viajen en taxi y no en limosina.
Merrill no es el único banco que ha puesto los costos en la mira. Los ejecutivos de UBS sólo pueden volar en business class cuando se trata de vuelos de más de tres horas en Europa, y de más de cinco horas en EE.UU.
En Goldman, por ejemplo, el personal tiene contribuir al costo de reparación de sus Blackberries si se considera que estos dispositivos han sido dañadas por culpa del empleado.
Por otra parte, prácticamente en cada banco de inversión se ha elevado el umbral para el uso de taxis y para los gastos de entretenimiento a los clientes, particularmente en el caso de los eventos que resultan más costosos, como el torneo de tenis de Wimbledon.