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La cuerda floja por la que camina la Reserva Federal de Estados Unidos se vuelve cada vez más angosta. La necesidad de brindar apoyo a Fannie Mae y Freddie Mac, los dos gigantes hipotecarios, es un recordatorio de que las condiciones financieras plantean riesgos significativos para el crecimiento. Además, el índice general de precios, que está 5% por encima del nivel de hace un año, habla de riesgo de inflación. Es probable que la Fed no pueda mantener el equilibrio por mucho más tiempo y, si cae, debe caer del lado de la lucha por controlar la inflación, no por sostener el crecimiento.
El paquete de ayuda para Fannie y Freddie tiene pocas consecuencias macroeconómicas directas. Elimina el riesgo de un evento catastrófico improbable _la quiebra de cualquiera de los dos_, pero dirige la atención hacia el peso que ambos podrían representar para el balance del gobierno de EE.UU. Ahora, ambos pueden seguir otorgando préstamos, pero algunos bancos regionales, como el californiano IndyMac, podrían dejar de hacerlo. Las duras condiciones crediticias, y el temor a otra crisis como la del Bear Stearns, son graves amenazas para el crecimiento.
Por otro lado, como dijo Ben Bernanke, el presidente de la Fed, en su reciente testimonio ante el Congreso, los riesgos inflacionarios se han “intensificado”. Aún en un mercado laboral débil, cuando el costo de vida sube a una tasa anual de 5% existe el peligro de que los trabajadores pidan aumentos de sueldo inflacionarios. Aún en una economía que se desacelera, el petróleo a u$s 140 llevará a las empresas que puedan hacerlo a elevar sus precios.
Hasta ahora, la Fed apostó a que, dado que una economía más lenta reducía la presión sobre los precios, podía mantener bajas las tasas de interés para estimular el crecimiento. Sin embargo, si los acuerdos salariales comienzan a trepar, y las encuestas entre consumidores y los mercados de bonos muestran que crecen las expectativas inflacionarias, la Fed tendrá que abandonar su apuesta. Su prioridad debe ser combatir la inflación: si los precios escapan de control, el dolor económico necesario para estabilizarlos puede ser extremo.
La tarea de la Fed no es envidiable. Hay mucha incertidumbre sobre las perspectivas para el crecimiento y la inflación, lo que hace difícil fijar una tasa de interés sensata. Pero lo peor es que no hay una relación simple entre ambos problemas, y abundan las trampas que, de activarse, podrían empeorar mucho más la inflación o frenar aún más el crecimiento. Entre estas trampas están: otra crisis financiera, el despegue de las expectativas inflacionarias o la pérdida de confianza en el dólar.
Por el momento la Fed sigue haciendo equilibrio sobre la cuerda, y parece apropiado mantener por un período las tasas a 2%, para contener el riesgo de ambos lados. Sin embargo, el banco central de EE.UU. debe darse cuenta muy rápido de que ha llegado al punto en que ya no puede mantener el equilibrio. Cuando ese momento llegue, debe elevar las tasas.