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Los hombres fuertes del petróleo a nivel internacional lo dicen y lo repiten cada vez que pueden: no hay motivos “técnicos” para que la cotización del crudo alcance los u$s 200 por barril. Pero en el mismo movimiento deslizan un as en la manga a modo de excusa: “Salvo que ocurra algún conflicto geopolítico en zonas produc-toras, como Medio Oriente”, aclaran.
La última vez que hicieron esa afirmación fue en el 19´ Congreso Mundial de Petróleo, que se realizó la semana pasada en Madrid. El encuentro fue representativo de la situación actual: los barones del crudo no lograron ponerse de acuerdo con respecto a los motivos que provocan el aumento.
La baja de de 3,77% que registró el barril WTI el martes, y lo colocó en u$s 136,04, está lejos de tranquilizar los ánimos. Basta con decir que ese precio está casi siete veces por encima de la cotización a principios de esta década. Ayer cerró a u$s 136,05.
En la Argentina, las subas están disimuladas por el control de precios. Pero en economías menos anestesiadas, como Europa y Estados Unidos, ya no dudan de hablar de crisis cuando se refieren a la alta cotización. Sucede que el reverso de cada aumento guarda promesas de dos de los efectos más adversos que puede esperar la economía mundial: una inflación desbocada –la que más preocupa es la de los alimentos, que ya entraron en esa carrera por su propia cuenta– y la amenaza vedada de un enfriamiento generalizado. Eso se debe a que el crudo es el combustible del mundo y un elemento crucial para los Estados Unidos, quizás la nación más dependiente de los hidrocarburos, que explica un 25% del consumo mundial de bienes.
Nadie sabe con precisión cómo puede reaccionar el mundo ante una desaceleración del consumo en todos los frentes, pero las potencias descuentan que los resultados serán negros como el crudo.
Es por eso que iniciaron pla
nes para contener las subidas. Las ideas van desde una baja en impuestos hasta el establecimiento de un mecanismo de control de precios.
El capítulo local
En la Argentina, los controles de precios disimulan en el corto plazo el aumento del crudo para el consumidor de combustibles, dado que el barril en el mercado local no supera los u$s 47. Pero se trata de una bonanza con fecha de vencimiento.
“Un barril más caro seguirá presionando sobre los costos de los insumos y servicios. La Argentina necesitará reducir la brecha con los precios internacionales para mantener la sustentabilidad de la exploración y producción, o afrontar mayores importaciones”, reflexiona uno de los mayores productores locales de crudo.
Por la falta de energía, el Gobierno subsidia las compras en el exterior de gasoil y fuel oil, destinado en su mayoría a alimentar las centrales eléctricas que no tienen gas.
Un incremento del crudo “empujaría el precios de los productos que se importan, con lo que el déficit energético y por lo tanto el subsidio aumentaría en esa proporción”, asegura otro alto ejecutivo petrolero.
En concreto, si el barril llega a u$s 200 representará un déficit adicional de entre u$s 2000 y u$s 2600 millones, que se sumarán a los cerca de u$s 4500 ya proyectados y constituyen una de las principales preocupaciones del Gobierno.
Además, las refinadoras que tengan que importar gasoil (las principales son YPF, Shell, Petrobras y Esso) sentirán fuerte el aumento. Hoy pierden a razón de u$s 600 por metro cúbico (m3), pero ese número se extendería hasta los u$s 860 (u$s 38 millones por cada barco que se tenga que importar).