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El monótono negocio de extraer y vender petróleo ya no conforma a los países árabes. Tampoco los motiva el ajetreado mundo de las entidades financieras, al que decidieron ingresar a principios de este año. Por eso es que en los últimos meses las ricas naciones de Medio Oriente han puesto un pie en el negocio de bienes raíces, y lo han hecho a lo grande. Ayer se conoció que el fondo de riqueza soberana (FRS) de Abu Dhabi –el mayor de los siete principados que componen los Emiratos Árabes Unidos– compró nada menos que el edificio Chrysler, un ícono de la arquitectura “Art Deco” que define el paisaje de Nueva York. Se trata de la segunda adquisición de un hito arquitectónico de Manhattan por inversores de Medio Oriente en muy poco tiempo.
El rascacielos, en el número 405 de la avenida Lexington, fue el edificio más alto del mundo hasta 1931 y fue adquirido ayer por el Abu Dhabi Investment Council por un precio no revelado. El mes pasado, un fondo de Dubai, junto con Boston Properties y Goldman Sachs Group pagaron u$s 2.800 millones por el edificio General Motors, según la agencia Bloomberg.
Abu Dhabi, Kuwait y otros países del Golfo Pérsico que tienen una abundancia de ingresos por las exportaciones de petróleo han aprovechado los precios menguantes para invertir en bienes raíces y compañías financieras en todo el mundo. Sólo este año, los inversores de Medio Oriente han gastado u$s 1.800 millones en propiedades comerciales en Estados Unidos, más que otros compradores internacionales, según Real Capital Analytics, una firma de Nueva York que hace investigaciones del sector de bienes raíces.
“Estamos enviando nuestro dinero allí para comprar petróleo, y ese dinero está volviendo y adquiriendo nuestros activos” dijo Dan Fasulo, director de análisis de mercado de Real Capital.
El Abu Dhabi Investment Council le compró el edificio Chrysler a un fondo gestionado por Prudential Financial. Según trascendió, ese fondo soberano tenía previsto pagar unos u$s 800 millones por la torre, que tienen 77 pisos, fue diseñada por William Van Alen y se terminó de construir en 1930 para su entonces propietario Chrysler Corp. y el fundador de la empresa, Walter Chrysler. Con una altura de 319 metros, el edificio Chrysler fue el rascacielos más alto del mundo durante un año, hasta que lo sobrepasó el Empire State Building.
Los fondos de riqueza soberana (FRS) existen desde hace años, y según las estimaciones de algunos bancos de inversión poseen fondos por u$s 2.500 billones. Entre los primeros países en invertir sus considerables superávits presupuestarios estuvieron las naciones petroleras como Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos; pero también Noruega y Singapur. Los países industrializados como Estados Unidos y Japón también poseen los así llamados “fondos de reserva”.
Ahora bien, los FRS cobraron protagonismo este año, cuando ingresaron en el cada vez más complicado negocio financiero de Europa y Estados Unidos. Así, en enero Abu Dhabi invirtió u$s 7.500 millones en una participación del Citigroup, y al poco tiempo Kuwait puso u$s 6.600 millones para quedarse con una parte de Merrill Lynch. Un mes más tarde, Qatary Investment Authority (QIA), el fondo de inversión del gobierno de Qatar adquirió entre el 1 y 2% del banco suizo Credit Suisse. Según Morgan Stanley, el dinero invertido en el sector financiero por los FRS desde agosto del año pasado –cuando comenzó la crisis de liquidez de los bancos– ya suma más de u$s 69 mil millones.
Después de todo esto, los fondos soberano se han convertido en objeto de un intenso debate. Estados Unidos, Francia y Alemania han dado a conocer sus temores acerca de la “invasión” de que los FRS. Mientras tanto, ellos siguen de compras.