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Un proyecto por una sonrisa
La Fundación Casa de Ronald McDonald construyó su tercera sede del país junto al hospital de niños Santísima Trinidad de Córdoba. El emprendimiento lo llevó adelante con la Fundación del Hospital de Niños y fue realizado con materiales donados por diversas empresas. El estudio de Florencio Adobbato Arquitectos y la arquitecta Paula Noblia, además de donar su trabajo, generaron una obra en cual lo que sobresale es la solidaridad.
Sergio Lanzafame ()
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03:00

A vuelo de pájaro es una obra de arquitectura de alto nivel con muy buena resolución de los espacios, excelente aprovechamiento del terreno y una selección de materiales impecable con mucha luz, aire y calidez interior. Todo ello es cierto, aunque no es lo más relevante de este trabajo. Es que aquí la arquitectura se combina con otros elementos más intangibles y, a la vez, más importantes: solidaridad, sensibilidad, algo de tiempo restado a la propia familia y mucho de sentimiento. Todo esto matizado con los problemas de contar con recursos inciertos o dispares.

Este es el McCombo con el que se realizó la tercera casa de la Fundación Ronald McDonald de Argentina, esta vez en la Ciudad de Córdoba y que contó el trabajo desinteresado del arquitecto Florencio Adobbato y el aporte de la arquitecta Paula Noblia.

La situación geográfica de la provincia con gran la calidad de sus recursos médicos en tratamientos de alta complejidad infantil se convirtió en el emplazamiento ideal para atender las necesidades de las zonas centro y noreste de la Argentina.

Construida casi en su totalidad con donaciones, el emprendimiento tuvo la colaboración, entre muchos otros aportantes, de las empresas Acindar, FV, Ferrum, Braver Vía Pública, Brinks, Carrier, Coca-Cola, Córdoba Shopping, Estudio Adobbato Arquitectos, Fundación Irsa, Fundación Loma Negra, Fundación Macro, Gobierno de la Provincia de Córdoba, McDonald’s Córdoba, Simmons y Ya Comunicación.

Hogar lejos del hogar

El espacio está destinado a brindar alojamiento y contención a familias de distintos puntos del país cuyos hijos deben recibir tratamientos médicos prolongados por cáncer transplantes u otro tipo de enfermedades. Se encuentra a escasos metros del Hospital de niños Santísima Trinidad sobre un terreno de 2.159 m2 donado por la Provincia de Córdoba. Son 1.041 m2 distribuidos en una planta con 17 habitaciones, de las cuales dos son de alta complejidad, adaptadas a dificultades motrices.

El primer elemento que se busca en este tipo de situaciones delicadas es la privacidad, un elemento que está ausente en las salas de los hospitales donde las familias suelen quedarse días y hasta meses, lejos de sus hogares. Por ello, se construyeron cuartos familiares con baño privado, equipados con ropa de blanco y artículos de higiene y limpieza.

Sin embargo, el segundo elemento que se busca es totalmente distinto. Los espacios para distenderse, para conversar y compartir estados de ánimo son, tal vez, más importantes. Por ello se construyeron una serie de espacios comunes de recreación, entre los cuales se encuentran una sala de entretenimiento, biblioteca, jardines internos y amplios espacios verdes con terraza y parrilla incluidas.

La casa suma cinco cocinas comedor, un lavadero, la playa de estacionamiento, la sala de voluntarios y la administración. En el primer piso sobre el sector administrativo, además, se construyó la casa del gerente que cuenta con una entrada independiente sobre la calle.

Entre las donaciones y las necesidades

Entre otros ingredientes, este combo solidario, incluyó el trabajo sobre una obra realizada en su mayor parte con donaciones de particulares y empresas. Y, claro, no siempre los recursos resultantes de estas colaboraciones pudieron adaptarse fácilmente al proyecto. “Los materiales debían ser alegres, fáciles de limpiar y que no se rompan”, señala la arquitecta Noblia, quien se ocupó del diseño de interiores. “Debimos dedicarnos a realizar, más que nada, un gran trabajo de logística y coordinación. Pero, aún así, jamás renuncié a hacer buena arquitectura. No hay que desmerecer a la gente que está en la casa, hay que dar lo mejor”. suma el arquitecto Adobbato, quien dirigió la obra.

Así, materiales sobrantes de empresas y donaciones adecuadas con otras más inverosímiles fueron usados en pos de los objetivos propuestos: algo que puede definirse estrictamente como “arquitectura creativa”.

La propuesta: “Con la diversidad de elementos generar unidad”. El rojo que recorre la casa, con contrastes con el negro, cuadros donados por estudiantes de bellas artes de Córdoba, techos de madera a la vista, paredes con colores cálidos, pisos de cerámica símil piedra y ladrillo a la vista en las fachadas con piedra caliza de la zona. Y mucho vidrio con abundante luz adentro y verde en el exterior.

Otro elemento que exigió un gran trabajo de adaptación fue el terreno ubicado en un desnivel y atravesado por un caño maestro contenedor de un río subterráneo por el centro. Allí se ubicó el parque central, que une los dos pabellones que componen el edificio.

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