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El convulsionado mercado de los combustibles, signado por precios cada vez más altos, estaciones de servicio que cierran en momentos en que las ventas van en aumento y petroleras que producen al máximo de su capacidad pero no dan abasto para abastecer la demanda, encierra una paradoja que va contra el modelo distribucionista que proclama la presidenta Cristina Kirchner siempre que puede.
De acuerdo con números oficiales de la Secretaría de Energía, a cargo de Daniel Cameron, se puede cargar nafta más barata en algunas de la zonas más acomodadas de la Capital, como Palermo Chico, Belgrano o Recoleta, que en Valentín Alsina y González Catán, localidades económicamente más relegadas que los principales barrios porteños.
El litro más barato de súper en Valentín Alsina se consiguió en mayo –el último mes con datos disponibles– a $ 2,249, un 20% por encima de los $ 1,858 que cotizó en Floresta, el barrio con el valor más conveniente en Capital.
En Belgrano se obtenía a
$ 2,119, y actualmente en Barrio Parque se puede conseguir nafta súper a $ 2,37 el litro. La historia se repite en el caso de la premium, el producto más selecto y caro del mercado local. El precio mínimo del litro de esa nafta en Valentín Alsina rondó en mayo los $ 2,599, lo mismo que en González Catán, mientras que el valor más bajo del mismo producto en Capital fue de $ 1,989, mientras que la marca más alta fue de $ 3,239.
En el caso del gasoil, las relaciones parecen estar mucho más parejas. En algunas localidades del Gran Buenos Aires, se podía conseguir el litro a
$ 1,802, un valor similar al precio más bajo en Capital.
De todas maneras, la dispersión de precios entre estaciones de la misma marca tanto en bocas de Capital como de la provincia permite al automovilista avezado descontar hasta $ 0,20 centavos por litro si busca los mejores precios en cada zona.
Las idas y vueltas entre las petroleras y el Gobierno, que mediante el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, estableció un fuerte control en los valores de los combustibles hasta 2006, derivaron en una fuerte dispersión de precios.
Frente al rechazo oficial a los retoques, las empresas (Repsol YPF, Esso, Shell y Petrobras) se inclinaron por aplicar aumentos diferenciales según las zonas.
Allegados a las compañías reconocen, siempre en voz baja, que resulta mucho más complicado remarcar pizarras de este lado de la General Paz, donde la mirada de los funcionarios está más atenta.
Las diferencias se dan un contexto de precios en alza, que favorecen la dispersión. A pesar de las variaciones según las marcas, el litro de premium puede costar en Buenos Aires hasta $ 3,35, 2,79 la súper y $ 2,4 el gasoil. Esos valores acumulan incrementos aproximados de un 26% en cada caso.
Hay otro motivo que promueve las diferencias entre localidades y las subas: la escasez de producto.
La Argentina tiene un déficit crónico de gasoil, al que se sumaron durante los últimos meses problemas para atender toda la demanda de naftas, que viene en franco aumento.
Frente a la escasez de combustible, muchas estaciones en manos de empresarios pymes decidieron por su cuenta agregar hasta $0,20 por litro. El motivo: en un contexto de falta, descuentan que el automovilista cargará donde encuentre producto, sin fijarse en el precio.