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Literatura
Cecilia Pisos, una escritora que no tiene techo
Es una de las plumas más singulares y prolíficas de la narrativa argentina infantil. En lo que va del año publicó cuatro libros y otros siete están por editarse. En diálogo con Cronista.com, cuenta cómo trabaja sus textos y adelanta las aventuras de "Juani y SuperFido", una serie de novelitas donde las mascotas se meten en la web y las maestras se tiran por paracaídas.
Juan Ignacio Orue ()
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21:02

Mientras Ignacio le revolea una patada de karate a su enemigo invisible y lo provoca con un “mirá como tiemblo”, Carolina sostiene, con la mano levantada, que ella también merece una entrevista porque “dice mi abuela Kuky que soy la mejor patinadora sobre hielo que hay”.
-¿Y no te caes nunca?- le pregunta Cronista.com. “Bueno, hay veces que sí, pero cada vez menos”, se sincera Carolina acariciándose el pelo.


Al costado de la escena, como una espectadora de lujo en primera fila, la escritora Cecilia Pisos se ríe de las ocurrencias de sus hijos. Se la nota cansada pero feliz y no es para menos. En lo que va del año ya publicó cuatro libros (Las termitas invasoras, El libro de los hechizos, La máquina de hacer los deberes y Sopa de chicle) y otros siete están por salir o en pruebas de edición.

- Bueno, me parece que a usted se le caen las palabras de los bolsillos. ¿Nunca para de escribir?

-Trato de escribir todos los días, por las mañanas, que es cuando estoy sola en casa y más fresca. Pero también puedo abstraerme y escribir en cafés, o al borde de la pileta de natación, cuando mis hijos tienen clase. También depende de qué esté escribiendo. Si se trata de una novela, como primero desarrollé el plan hasta el final y sé bien hacia dónde voy, me propongo escribir cinco buenas páginas por día en la compu, mientras escucho jazz del clásico, sobre todo al guitarrista Django Reinhardt. Si es un cuento o un libro álbum, la idea la voy madurando durante varios días, tomando apuntes, sí, pero sin escribir una sola oración del texto. Las mejores ideas se me ocurren mientras plancho, ¡es increíble! o bajo la ducha. Si escribo poesía, uso libreta y escribo a mano y tacho horrores y leo mucho en voz alta para corregir.

-Sus lectores tienen la edad de sus hijos. ¿Prueba los textos con ellos?

-Si, todo el tiempo. Y escucho atentamente sus sugerencias y hago cambios según los comentarios que me hacen. También, sin que lo adviertan, ellos y sus amigos me sirven de “modelos” en actitudes, anécdotas, maneras de comportarse. Y muchas veces me ayudan a visualizar mejor los rasgos de algún personaje o a afinar alguna que otra frase coloquial. Con las novelitas de la serie Juani y SuperFido, que están por aparecer, me pasó una cosa muy graciosa: cada vez que volvía de la escuela, mi hija, Carolina, corría a la compu para ver cómo seguía la historia y me retaba si ese día no había tenido tiempo de escribir alguna página más. Eso me puso muy contenta y me dejó más tranquila: ella es una lectora, experta en series de novelitas y estas le habían gustado.

-Ya creó la saga de Guadalupe Sinverruga y ahora se viene, como dijo recién, Juani y SuperFido. ¿De qué manera construye a estos personajes que se repiten en varios libros?

-Al principio, no me sentía muy segura de encarar series, me daba la impresión de estar haciendo justamente eso, libros “en serie”, lo cual es en realidad una contradicción. Desde mi punto de vista, la escritura de un libro es un proceso artesanal. Siempre busco que además de contar algo, la forma en que eso se cuenta, la manera de contarlo, sea significativa y diferente para el lector también. Pero me animé a probar y estoy muy contenta porque el trabajo con los personajes, de un libro a otro, es muy intenso: el personaje va adquiriendo espesor de persona, y tanto el que escribe como el lector, supongo, pueden anticipar con placer sus reacciones y su comportamiento en diferentes situaciones, como si fuera un amigo o un primo, por ejemplo. Entonces descubrí que, además del placer de la novedad, existe el placer de volver a lo ya conocido. 

-¿Qué me puede adelantar sobre Juani y SuperFido?

-Bueno, es una serie de novelitas cuyos protagonistas son Juani, un chico de 10 años que va al 5to grado del colegio “Provincias Unidas” de un tranquilo barrio de Buenos Aires y SuperFido, su perro chihuahua. Son novelitas para lectores de alrededor de 10 años, con un trabajo muy original en la ilustración y si bien están enmarcadas en el realismo de lo que es un ambiente barrial y escolar, podríamos decir que las cosas que suceden se salen todo el tiempo de ese verosímil. Hay mascotas que se meten en la web, pulóvers que cobran vida y abrazan, maestras que se tiran en paracaídas, etc. Los primeros títulos son: El ataque de los pulóveres cariñositos, SuperFido vs. MiniTuti, La maldita Feria del Libro y Este campeonato apesta. Van a empezar a salir en Agosto.

-Después de su primer libro de poesía, Las hadas sueltas, usted siguió escribiendo sobre brujas, y dragones y ahora se viene la serie de Todos los ogros. ¿Cómo reciben los niños a estos personajes?

-Las hadas sueltas fue un libro de poesía que tuvo mucha suerte porque, en general, se publica muy poca poesía y lo poco que se publica adopta más bien la forma de antología temática. Yo armé una colección de hadas como quien junta figuritas y creo que eso fue lo que gustó, incluso a los varones. Con ese libro, recorrí muchas escuelas, haciendo talleres con los chicos. Y de esas experiencias compartidas surgieron los otros personajes y los otros libros. Cuando yo visitaba las escuelas con las hadas, los otros personajes parecían colarse muy naturalmente en los juegos y trabajos que hacíamos y no me quedó otra opción que escribirlos también. Creo que son personajes que a todos nos gustan, que representan cosas absolutas como la belleza, en el caso de las hadas y  la maldad en el caso de las brujas y los ogros, por ejemplo. En estos libros, sin embargo, les di una vuelta de rosca y, usando como recursos la ternura y el humor, descascaré un poquito lo que tienen de personajes prototípicos para humanizarlos un poco.

-También escribió tres novelas para un público adolescente. Y ahí se tocan otros temas. La inmigración, chicos con padres separados, deseos vocacionales.

-Claro, son temas más propios de la edad. Como si no hubiera que cruzar el mar es uno de mis libros más queridos porque en él hay historias de las tres generaciones de mi familia. No es estrictamente autobiográfico en lo factual, pero sí en los sentimientos que hay detrás de cada episodio de esas idas y vueltas en la historia de la que puede ser cualquiera de las familias de nuestro país. Una vez me invitaron a una escuela en la que los abuelos habían leído el libro con sus nietos y tuvimos una charla preciosa, en la que cada uno aportó historias de inmigración y emigración, pasadas y presentes, parecidas.

La segunda novela para adolescentes es Dominó. En ella se cuenta la historia de Mariano, cuyos padres se están separando, y la de su amistad con don Lope, un viejito que lo inicia y lo entrena en las competiciones de dominó. Mariano, al principio de la historia, siente que su vida es una elección continua que lo tortura. Es siempre o mamá o papá, o fútbol o dominó. Y luego aprende, al final, que muchas veces no es necesario jugar a una sola punta, como en el dominó, sino que la vida, si nos relajamos un poco, nos da la oportunidad de conjugar hasta los opuestos más irreconciliables.

-En la tercera, Las termitas invasoras, Matu quiere ser escritor. ¿Qué le recomienda a los chicos que quieren iniciarse en el mundo de las letras?

-Que lean mucho, diferentes autores, diferentes géneros, que escriban mucho y que guarden lo que escriben. A veces, cuando uno termina de escribir algo parece que el texto no funciona por alguna razón y está el impulso de tirarlo. Pero si uno lo deja quieto, reposando por un tiempo, muchas veces, cuando vuelve a él, lo ve de otra manera y lo mejora. Pero eso es imposible si uno lo destruye. Otra cosa que sirve mucho es empezar escribiendo sobre lo que uno conoce muy bien, sobre lo que uno tiene próximo, de lo que es familiar, como le aconseja la señora Martínez, la profesora de Literatura a Matu. En estas dos últimas novelas sí hay algo que me preocupó mucho…

-A ver, cuénteme.

-Quise dejar en claro, dejar escrito, la esperanza de que las cosas pueden ser mejores. Porque siento que, muchas veces, los mensajes que los adolescentes reciben de la sociedad, de los medios, de los mayores, en general, los encierran, los encallejonan, los dejan sin aire y creo que eso no es justo. Es como si les pusieran anteojos de ver solo vasos medios vacíos.

 

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