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Dicen por ahí que no hay peor ciego que el que no quiere ver. ¿Será así? Y en ese caso, ¿quién es el ciego? Wall Street está dividido: hay quienes creen que la paridad del peso argentino con el dólar se irá a $3,25 a fin de año. Para otros, no habrá cambio y la cotización del billete dormirá cerca de la línea de los $3 ad eternum... Para estos últimos, el Banco Central (BCRA) no puede darse el lujo de devaluar la moneda.
El debate está planteado. No sólo en el Congreso Nacional, sino también varios kilómetros arriba, por los pagos de Wall Street y los informes de inversión se cruzan a tono con estos tiempos problemáticos. Nada grave salvo porque de este juego dependerá la futura suerte de los activos locales.
Para los partidarios de lo empírico, la cosa no abunda en complejidad. En la última semana, Martín Redrado entró al mercado dos veces y compró dólares. Esto, en criollo, les ha dado pie a los que vislumbran un cambio de rumbo o, mejor dicho, devaluación. Incluso ayer, contra los pronósticos que anticipaban una tormenta de compra de dólares, la entidad rectora se dio el lujo de entrar nuevamente “de compras”.
En Wall Street el mercado de especulaciones está al rojo vivo. Y hay para todos los gustos. Anclados en el bando de los que desconfían de esta política del Banco Central, hay una larga lista de anotados. Morgan Stanley, Credit Suisse Group AG, Merrill Lynch, Goldman Sachs y Barclays ya han plantado bandera. Piensan que el peso barato volverá a subir tarde o temprano. “La inflación alta deja al país en una situación particularmente vulnerable”, dicen los informes de la gente de Morgan Stanley. “Mientras que inicialmente el peso débil dio protección a muchas industrias locales permitiendo la creación de puestos de trabajo y el crecimiento del salario real, sospechamos que esta política está cerca de su límite, en la medida en que la inflación en alza ha empujado al tipo de cambio real a apreciarse”.
Hay más: “El peso todavía es competitivo en términos reales pero los altos niveles de inflación están, sin dudas, carcomiendo muy rápidamente esa competitividad artificial”, le dijo a este diario Alberto Ramos, economista jefe para América latina de Goldman Sachs. “El problema hacia delante es que un peso débil alimentará aún más presiones”, añadió.
Un artículo de los periodistas Lester Pimentel y Drew Benson para la agencia Bloomberg deja constancia sobre cuál es el lugar donde hoy están parados otras entidades que manejan las inversiones de medio planeta: Credit Suisse Group AG, y Barclays les están diciendo a los inversores que vendan los ahorros en pesos argentinos. La apuesta es a que, tarde o temprano, el Gobierno local dejará de apreciar la moneda en función de una supuesta desaceleración de la economía. El nudo gordiano es que la gente de WS cree que el peso caerá 5,4% en el próximo año a $ 3,2 por dólar en el mercado mayorista, según el cálculo de 13 analistas en una encuesta de Bloomberg News. Para David Beker, estratega cambiario de Merrill Lynch, “la desaceleración de la economía presionará al Gobierno a que permita la caída del peso y que el dólar llegue a $3,25 a fin de año”.
El vecinito de enfrente
Del otro lado, justo enfrente, también hay un nutrido grupo de wallstreeters. Es más; incluso en un mismo banco de inversión dos analistas pueden tener ideas contrapuestas. A diferencia de su colega Beker, desde Merril Lynch, Pablo Goldberg, el jefe de estrategia global de mercados emergentes le dijo a El Cronista que no compra los rumores de devaluación y aclara que el tipo de cambio es el único instrumento que queda para contener la inflación.
En JPMorgan optaron por ser equilibrados en su reporte y si bien han dicho que la política de un dólar más bajo ha sido “un parche” que “está lejos de ser una solución”, reconocen que “el intento del Central por estabilizar el mercado ha sido efectivo”.
En otra muestra de que no todas son pálidas, ayer este diario publicó una entrevista a Gustavo Cañonero, economista Jefe para América latina del Deutsche Bank, quien señaló que el Banco Central no puede “darse el lujo” de convalidar expectativas de depreciación del peso. “El Banco Central no tiene otra alternativa que anclar las variables no minales, interviniendo en el mercado cambiario y subiendo las tasas de interés”, dijo.