Sábado 6 de septiembre de 2008 RSS XML Cronista.com como página de inicio
Buscar
Buscador avanzado
Ediciones anteriores
Últimas Noticias Edición Impresa Mercados Online Mi Portfolio Mi inflación Servicios Blogs Videos
Experiencias - Viajes con estilo
La vuelta al mundo en dos ruedas
En 10 años, el argentino Emilio Scotto dio dos vueltas al mundo consecutivamente. Después de pasar 809 días sobre ruedas, cubriendo una distancia de 735 mil kilómetros –el equivalente a una ida y vuelta a la Luna– y de visitar 279 países en los seis continentes, figura en el libro Guiness como el protagonista del “mayor viaje de la historia”. Ahora, desde su hogar en Miami, selecciona a los 20 motoqueros de todo el planeta que lo acompañarán en Caravana, un reality show que lo llevará a visitar 23 países de América en 6 meses.
Imprimir Recomendar  
20:13

Texto: Gabriela Baby

Su historia de viajero comienza a los 8 años cuando, después de ver un Atlas, le dijo a su madre: “Voy a dar la vuelta al mundo”. La respuesta materna fue una carcajada, seguida de una réplica práctica: “Vos vas a ir ahora mismo a la escuela”. Y Emilio Scotto fue a clases, por supuesto. Pero no dejó de soñar. Luego de cursar la licenciatura en Geografía, de practicar buceo y de aprender primeros auxilios, a los 30 años se subió a una moto y partió a cumplir el proyecto, cuidadosamente concebido, de recorrer el mundo en soledad. Una utopía que concretó no una sino dos veces, entre 1985 y 1995, y que le valió ingresar al libro Guiness de récords mundiales, que tituló su aventura como “el mayor viaje de la historia”.

A rodar la vida

“Mi meta era llegar a todos los países, islas, atolones y territorios del planeta. Sin ser motociclista, fotógrafo ni escritor, hoy creo que era un simple Forrest Gump”, evoca Scotto, aludiendo a su innata pulsión de ir siempre hacia adelante, más allá de las dificultades del camino. Hoy, 23 años después, todavía recuerda con emoción el día de la partida. “El 14 de enero de 1985 me despedí de mi familia y de mi novia Mónica, a quien le pedí que me olvidara y rehiciera su vida. Apenas sabía manejar cuando me monté a la moto y, con 300 dólares en el bolsillo, me fui a transformar mi sueño en realidad”. El periplo de Scotto comenzó con rumbo norte y por la costa: Uruguay, luego Brasil, Colombia después. “En cuanto salí del país, comencé a aprender idiomas y a empaparme de otras culturas. Cada lugar me transformaba. El impacto sobre mi personalidad fue inmediato. E inmenso”. Lenguajes, paisajes, hambre a veces, malentendidos muchas otras, amores en ocasiones. Aprendizaje siempre. Y también anécdotas agridulces. “En el norte de Brasil, recorriendo el Amazonas junto a los garimpeiros (buscadores de oro), viví una de las experiencias que me marcaron. Una noche me obligaron a participar de un juego de cartas para quitarme el poco dinero que llevaba. Ellos estaban armados con revólveres y machetes y realmente eran de temer. Comenzó la partida. Y empecé a ganar. Siete rondas seguidas. El juego era muy simple y siempre ganaba yo. Entonces, se dieron a amenazarme, a tratarme de tramposo porque creían que había marcado las cartas. Intenté devolverles el dinero y fue peor. Lo tomaron como una ofensa y gritaron que me iban a cortar la cabeza y arrojar al Amazonas”. Esa noche, río arriba, recostado en una de las hamacas paraguayas que pendían de la chalupa que lo trasladaba, Scotto se despidió de la vida. “Pero cuando salió el sol y desembarcamos en Manaos se me acercó Pedro, un garimpeiro que me entregó una carta, me dio la mano y me deseó suerte antes de perderse en los callejones de la ciudad”. El argentino se quedó solo, con su moto, en la ciudad amazónica. La carta, en rudimentario portuñol, decía: “Querido amigo, entre todos los garimpeiros quisimos ayudarte con dinero, dejándote ganar a las cartas para que puedas realizar tu viaje alrededor del mundo. Nosotros nunca podremos salir de este infierno verde pero si tú logras realizar tu sueño, será para nosotros como ir contigo, en la moto. Claro que antes quisimos divertirnos a tu costa: mientras temblabas en tu hamaca, pasamos una noche muy divertida”. Será que algo del hambre de libertad innato al ser humano se jugaba en la epopeya personal de Scotto.

Cinco años después, cuando regresó a la Argentina, se dio cuenta de que le faltaba recorrer la otra cara del mundo. Y hacia allá fue. Así, entre 1985 y 1995, dio dos vueltas al mundo consecutivamente. Esa década de viajes implicó, exactamente, 809 días sobre la carretera. “La distancia cubierta equivale a la de un viaje a la Luna ida y vuelta: 735 mil kilómetros. Logré visitar 279 países y los seis continentes”, comenta con orgullo. Pero no todo fue bucólico en su hoja de ruta. Al igual que Marco Polo, vivió experiencias angustiantes y situaciones complicadas de resolver en la soledad de otra cultura, otra lengua, otro código de vida: “Fui encarcelado seis veces: me acusaron de contrabandista, de espía de la Unión Soviética, de agente encubierto de la CIA, de  infiltrado de Muhamar Kadafi”, enumera. También fue testigo de escenas que ejemplificaron el choque de culturas, como una decapitación pública en Somalia. Y, por si no bastara, la naturaleza también lo puso en jaque: “Padecí terremotos en Asia, tormentas de arena en el Sahara y casi muero de malaria en las selvas del Congo”.

Pero, ¿cómo sobrellevó tantas peripecias sin compañía? “Por supuesto que hubo historias de amor, aunque nunca las consideré conquistas sino relaciones de vida”, confiesa con picardía porteña. Sin embargo, a los cuatro meses de iniciado su primer viaje, consideró seriamente cancelar sus planes: “Una noche, en la ciudad amazona de Santárem, cruzó delante de mí la reencarnación de Marilyn Monroe. Era simplemente perfecta ¡y hasta la moto quería quedarse en sus brazos para siempre”, bromea. “Pero fue cinco años después cuando por fin encontré el verdadero significado de la palabra amor. Cuando volví a la Argentina, me di cuenta que había buscado adelante lo que había dejado atrás: era Mónica, mi noviecita de Tapiales, la chica que el día en que partí por primera vez me dijo ‘yo te espero’. Desde entonces se incorporó a mi vida y a mi aventura, porque me acompañó en mi segundo periplo y recorrió 86 países conmigo. Y que aceptó que nos casáramos en el Taj Majal”.

Vamos a la ruta

Instalado en Miami, Scotto no logra escapar a la nostalgia por la adrenalina que le generaron los diez años vividos en las rutas del mundo. Por eso, se propone regresar a los caminos pero, esta vez, acompañado de otros soñadores. Así nació Caravana, una iniciativa que convoca a 20 motociclistas de todo el planeta a visitar 23 países del continente americano en seis meses. Además, serán filmados día a día en el marco de un reality show que mostrará la interacción de quienes se animen a convivir con distintas costumbres, religiones y hábitos sociales. Para ello, ya comenzó la instancia de casting y selección de los intrépidos, cuya travesía demandaría una inversión cercana a los u$s 12 millones. Así, Emilio Scotto ya no andará solo por las rutas del mundo.

0 Comentarios
No Existen Comentarios asociados...

Ingrese su comentario
Ingrese código de Validación
Nombre
Comentario
Enviar Comentario
Imágenes
* Haga click en la foto para abrir la galeria
Notas Relacionadas
La princesa viajera
Herramientas
delicius.us
Google Bookmark
Technorati
Barrapunto
Neodiario
Meneame
Yahoo My Web
Fresqui
Barrapunto
Enchilame
Las notas identificadas con una son exclusivas para suscriptores.
Copyright 2007 - Cronista.com - Todos los derechos reservados
Hora de suscribirse a Cronista.com