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Sabemos que, además del capital financiero y el capital humano, un país es más o menos exitoso gracias a su capital social. Este es la forma en que las personas tratan entre sí y las instituciones que han creado para conducir sus relaciones. La productividad depende mucho de la calidad de negociación. El conflicto del campo le ha costado al país y al bien común mucho más de lo que era dable esperar. Además del económico tienen un costo alto en materia de cultura de negociación que está encubierta pero seguramente pagaremos en el futuro. Durante meses el país ha estado de espectador de prácticas de negociación primitivas. Es obvio que la tecnología ha progresado exponencialmente pero las formas de negociar en nuestro país parecen haber retrocedido. Y no porque no existan progresos también en las técnicas de negociación, sino por que los actores principales de los conflictos que presenciamos han optado por eludirlos. El aprendizaje negativo que esto significa es muy grave.
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