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¿Cuánto vale mi empresa?
Valuar en forma adecuada una empresa es una medida que sirve no solo ante los movimientos de accionistas. Conocer los propios activos, flujos e intangibles es clave para llegar al número correcto y adoptar, luego, las mejores estrategias.
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El propietario de una compañía conoce seguramente con bastante precisión cuánto vale su automóvil, su casa o una máquina similar a la que tiene en su firma, ya que los determina en función de la oferta y demanda del mercado. Sin embargo, en la mayoría de los casos no saben qué responder o titubean cuando un auditor lo consulta sobre el precio de su principal activo, su empresa, a la que ha dedicado toda una vida de trabajo, esfuerzo y compromiso.

“Quiero un millón de pesos. Hace 20 años que fundé la planta industrial y ya estoy grande y cansado. Con eso me puedo retirar tranquilo”. Esta afirmación la escuchó, casi espantado, un consultor al comenzar la charla con el empresario que tenía decidido colgar el cartel de venta. La sentencia marca el desconocimiento que reina en el mundo pyme respecto de los métodos de valuación, que no sólo deben ser empleados para desprenderse de la firma. Es más, los expertos en la temática coinciden en que el ingreso o salida de un socio o accionista es actualmente el principal motivo que induce a la empresa a salir en búsqueda de ese número. Javier Bayley Bustamante, director de Finanzas de Auren, subraya que es muy habitual que se hagan este tipo de análisis cuando emigra un socio. Les juega a favor que conocen el día a día, la historia de la compañía. Sin embargo, siempre uno conoce y maneja más información que el otro, lo que provoca largas discusiones sobre cuánto vale la empresa. “Otro motivo que suele ser recurrente no tiene relación con accionistas. Se da cuando el dueño está cansado de su empresa. Aquí la primera sugerencia que realizamos es que logre identificar qué le da valor a la compañía, qué le otorga buenos y malos resultados”, agrega el especialista.

Pero antes de analizar sus métodos más exitosos, los analistas destacan que el primer eslabón que deben conocer los empresarios radica en saber para qué sirve un proceso de valuación. Se destacan los siguientes:

En un proceso de venta de la compañía: los propietarios deben conocer cuál sería un valor razonable para defenderlo en la negociación.

Ante la incorporación de un socio: sirve para determinar qué porcentaje de participación ceder a cambio de un monto dado de dinero, o bien qué monto exigir para ceder un determinado poder.

Si una compañía debe prendar sus acciones (como garantía): hay que conocer qué porcentaje es razonable otorgar en función del monto que se pretende garantizar.

Cuando existe una separación de bienes entre diversos accionistas o socios: esto se aplica tanto si uno de ellos le adquiere al otro como si dividen los activos empresarios.

Si los propietarios desean premiar o incentivar a un empleado clave con la posibilidad de recibir una participación accionaria o un derecho a hacerlo, en función al cumplimiento de metas, y quieren saber cuánto darle.

Problemas de suceión: un típico escenario donde se necesita clarificar y cuantificar cómo los hijos o nietos pueden continuar con una expansión del negocio.

Simplemente para conocer el valor que se ha generado a través del tiempo.

El último motivo, según apunta Carlos Díaz Delfino, socio fundador de Romano Fiocca Díaz Delfino, no suele ser un disparador habitual de una valuación en una empresa mediana o pequeña, aunque enfatiza que habría que otorgarle más importancia, ya que puede imprimir con mucha más claridad en el empresario la noción de creación de valor y una mayor gimnasia para poner en práctica una gestión basada en la misma. Esto da mayor margen para embarcarse en aquellos proyectos, negocios o inversiones que generen valor para la empresa y desechar aquellos otros que lo destruyan. “En una empresa grande es habitual que el director financiero analice cada uno o dos años el valor de la compañía, pero en las pymes no es habitual. Esto representa un grave error, ya que el empresario nunca tendrá seguridad respecto a si las distintas acciones ejecutadas generaron valor”, indica.

Métodos y tácticas

Los analistas destacan que, básicamente, hay dos caminos serios para valuar una empresa, aunque uno más aconsejable que otro. En la primera opción se debe tener mayor cuidado por la subjetividad e intuición que lo rodea. Radica en analizar cuánto se pagó por operaciones similares en empresas parecidas. Se usan comparables, aunque no deben estar ausentes en la mesa de discusión del directorio de la empresa dos preguntas claves a la hora de desandar este camino: ¿en qué se parece esa empresa a la mía? y ¿el análisis lo estoy haciendo únicamente desde una perspectiva de mercado o hay factores adicionales? “Esta opción es la más difícil de ejecutar, ya que las pymes no suelen disponer de información pública y no es sencillo hacer la comparación”, dice Bayley Bustamante.

El método más utilizado, que además puede establecer una aproximación con la alternativa anterior, es el flujo de fondos descontados, que es igual a proyectar cuánto dinero le ingresará al comprador en un período de tiempo determinado. Esta técnica permite conocer el valor de la firma haciendo una proyección de mediano/largo plazo para ingresos, costos e inversiones que determinarán un resultado y un flujo de fondos proyectado.

Como primer paso, Díaz Delfino aconseja evaluar la situación actual de la compañía desde una perspectiva económico financiera, volumen de actividad y posicionamiento estratégico en el mercado en que se desempeña. Luego se analiza el sector de actividad correspondiente, tanto desde las perspectivas globales como desde la situación, antecedentes y coyuntura local. Y finalmente, se estudia a la compañía a valuar en el marco de dicho contexto global y local. Todo ello será determinante de las estimaciones del nivel de actividad proyectado de la compañía (volúmenes, precios, market share). Estimado dicho nivel de actividad futuro, el último paso es proyectar también toda la estructura de costos y las necesidades de inversión en coherencia total con el mismo (es decir, los costos e inversiones deben ser suficientes para soportar el nivel de actividad previsto).

Lo intangible no sabe de técnicas

Díaz Delfino establece que, para el cálculo del Flujo de Fondos, la proyección en el tiempo no debe descender de los cinco años. Quizás en una firma que se encuentra en su etapa inicial, el tiempo puede ser menor. Hasta aquí, el análisis rigurosamente técnico sobre el que debe apoyarse esta modalidad de valuación. Pero una pyme se caracteriza por poseer inagotables fuentes de valor no económicos, intangibles, que deben sumarse a la hora de confección de esa proyección.

Según el director de Finanzas de Auren, un camino muy habitual en las pymes -y que sugiere evaluar con cuidado-, es determinar el valor de la firma por sus activos. Esto puede conducir a evaluaciones equivocadas. Es como intentar valuar un cuadro por el costo de la pintura, la tela o su marco. No se puede obviar el recurso humano, cómo se trabaja, el estilo. Estos aspectos suelen tener mucho más valor que una máquina. Desde el gerente general hasta el último empleado generan un cuantioso valor que puede figurar en la contabilidad presente, como proyectada en los próximos tres o cinco años.

Otros ítems intangibles que no pueden quedar afuera:

La posición de la empresa en el mercado.

Los clientes.

El potencial del nicho donde se mueve la compañía.

La patente: en particular si los propietarios le impregnaron al negocio una diferenciación, que en manos correctas pueden seguir reportando buenos resultados, como la reputación de la marca o la originalidad de una invención.

“Una forma rápida para que una pyme pueda testear la fuerza de su marca es una breve encuesta entre sus clientes, proveedores y observar cuánto la valorizan. Mostrar ese reconocimiento simple pero concreto es irrefutable”, indica Bustamante. En una empresa de software, por ejemplo, el valor del recurso humano es fundamental, tener los programadores y la tecnología adecuada, ejemplifica. “Pero esos intangibles no proyectados en el Flujo de Fondos es igual a cero. Y a las pymes se les dificulta este traslado. No incluyen los intangibles”, enfatiza el experto.

En el camino de la construcción de esta técnica que determinará el valor de la compañía hay que plantearse, como primer punto, el horizonte de tiempo a proyectar, que se establece de acuerdo al sector productivo. Por ejemplo, no tiene sentido que un emprendimiento forestal mire a dos años, ya que los árboles recién están creciendo. “Y, probablemente, una empresa con un alto componente estacional no debería trasladar el Flujo a más de uno o dos años”, puntualiza Bustamante. En otro ejemplo, una firma que dispone de una máquina central en su estructura de producción, tendrá que observar la vida útil de ese activo como una guía para saber los años a valuar.

El siguiente paso es tener en claro el conjunto de ingresos y egresos en el plazo de tiempo determinado. Aquí, el interrogante a evaluar es el escenario macroeconómico para las empresas que dependen del mismo. Por ejemplo, una firma de turismo deberá plantearse si tendrá flujo de gente visitando el país o saliendo de él. “Mi recomendación, salvo en sectores que dependen naturalmente del escenario macro como una firma exportadora, es no armar el Flujo de Fondos futuro basado en el resultado del dólar, sino por lo que le aporto y aporté a la firma”, destaca el experto de Auren. En la lista de egresos futuros hay que incluir el análisis de la estructura impositiva del sector, deudas con proveedores, estado y mantenimiento de maquinaria y capacitación de nuevos empleados (si son necesarios). ¿Cuál es mi presupuesto para el año que viene? Ésta podría ser una muy buena pista para acercarse al Flujo de Fondos.

2 Comentarios
Marcela
Hola por casualidad tienes algun ejemplo sencillo para entender aun mas el temas, gracias
Responder  
Martin
No creen que al no tener mercado de capitales en argentina (con lo cuál es imposible determinar la tasa de descuento), es mejor valuar las compañía por ratios comparables como EBITDA o Facturación?
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