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Al premio Nobel en Economía Edmund Phelps no le gustan las retenciones. El académico estadounidense, respetado por sus estudios sobre expectativas inflacionarias y sobre dinamismo en las economías de los países, entre otras cosas, dijo ayer que los impuestos a las exportaciones que aplica Argentina quitan incentivos a que los empresarios sean innovadores y fomentan expectativas inflacionarias en el largo plazo.
“Creo que (las retenciones) son malas en un par de formas. Primero, hacen que la economía sea más cerrada y, por lo tanto, menos dinámica e innovadora. En segundo lugar, esta clase de impuestos anticipados son malos para el espíritu emprendedor”, dijo Phelps, luego de una clase magistral que dio en la facultad de Derecho de la UBA, con motivo de la inauguración de la “cátedra Phelps de derecho y economía dinámica”.
Durante su exposición, Phelps se manifestó preocupado por la inclusión social de las personas sin empleo o con trabajos mal retribuidos. Dijo que el dinamismo es bueno para una economía, porque las ideas innovadoras de los empresarios generan empleo, pero que el Estado debe subsidiar a aquellas personas que no consiguen trabajo, sea a través de un salario o financiando un emprendimiento en el que puedan trabajar. “¿Las retenciones sirven para generar inclusión?”, preguntó El Cronista luego. “No creo que tengan que ver con la inclusión –contestó–. Pienso que generan distorsiones en el largo plazo”.
Consultado sobre si los impuestos a las exportaciones ayudan a contener la inflación, respondió: “Puede que reduzcan las presiones inflacionarias en el corto plazo, pero no creo que sean una solución que se pueda sostener en el largo plazo”.
Quizás sin quererlo, el premio Nobel rebatió así los argumentos que emplea el Gobierno para sostener el sistema de retenciones a las materias primas. E incluso a voces del sector rural, que varias veces sostuvieron que fue el campo el que, gracias a los impuestos a las exportaciones, sacó al país de la crisis, allá por 2002.
Economía dinámica
Phelps, profesor de la universidad de Columbia, Estados Unidos, intentó resumir en su clase varias de las distintas aristas en las que trabajó durante su vida académica, que se inició en los sesenta y lo hizo acreedor del premio Nobel en diciembre de 2006. Sus dichos sirven para leer qué piensa sobre la realidad argentina, aunque no se haya referido al país en su ponencia.
El académico dijo que el dinamismo y la innovación hacen que una economía se desarrolle sostenidamente. Y que la apertura comercial de un país favorece esas cualidades que hacen crecer el PIB y el empleo. “Es importante que una economía se mantenga abierta para el resto del mundo y que, si no es muy abierta, que tienda a serlo, porque si se restringen las importaciones, en el largo plazo caerán las exportaciones”, señaló. “Además, si les cerramos los mercados a los innovadores, se perjudica toda la economía”, agregó.
Se pronunció en contra de tener un tipo de cambio débil o competitivo. “Si se deprecia el tipo de cambio real, y las políticas de economía cerrada tienden a eso, esa divisa débil protege a un sector de la competencia externa. Y si se siente protegido, pensará en aumentar su margen de ganancia, sin temor por la competencia. Así que suben los precios, lo que baja el salario real y quita incentivos para los trabajadores, lo que provoca desempleo. Esa falta de motivación frena el dinamismo”, explicó.
Lo escuchó un auditorio colmado, en el que sobresalía el embajador de Estados Unidos, Earl Wayne.