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Nadie hubiera imaginado que el Abierto del Norte, jugado en Tucumán, iba a terminar siendo el mejor torneo del año en la Argentina. Disputados ya el Abierto de la República, y el del Centro, sólo el Torneo de Maestros aparece como capaz de poder juntar a Eduardo Romero, Ángel Cabrera y Andrés Romero. Una sucesión de errores de quienes manejan el torneo mas importante del país, sumados a los aciertos del Jockey Club de Tucumán, ayudaron a posicionar, en el primer lugar, a un campeonato que, históricamente, flotó entre el quinto y el séptimo lugar del calendario anual. Pero también es cierto que el Abierto del Norte, que ya venía creciendo desde la irrupción de Cesar Monasterio, pegó un notable salto de calidad a partir de la aparición del “Pigu” en los últimos tres años. El certamen tucumano adelantó su tradicional fecha de junio, no formó parte del Challenge Tour Europeo -con lo cual tuvo más autonomía-y los organizadores se aseguraron buenas figuras, algo que vienen pasando por alto muchas empresas que se dedican a este rubro. Lo mismo en el campo de la imagen y comunicación. Este Abierto del Norte fue un verdadero ejemplo, fundamentalmente, para aquellos que creen que con sólo modificar una fecha, lograran recuperar el podio perdido.