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02:39

Por Susana Anaine (*) 

En tren de fantasear, imaginemos qué le pasa al despertar a un argentino que estuvo intermitentemente en coma desde comienzos de los ’60: entre fines de esa década y principios de la siguiente, oye palabras como psicoanálisis, concientización, sociedad burguesa o militancia; al ir a un banco, los empleados se toman el trabajo de tipear a máquina el debe y el haber del cliente para concluir en un “usted está en rojo”. ¿Quién le hubiera dicho por entonces que estaba sobregirado? Al abrir los ojos en la segunda parte de los ’70, la saturación del uso de orden, comunicado del PEN, activista, subversivo, reprimir y enfrentamientos con fuerzas de seguridad le habría dado cuenta de un país clausurado. Desde 1983 en adelante, lo sorprenden ciudadanos que se esfuerzan por recargar de sentido a la palabra democracia y a sus instituciones y por distinguir al gobierno elegido por el voto de los gobiernos de facto. La vieja expresión derechos humanos y la tan vapuleada palabra justicia se revitalizan, reaparecen las organizaciones no gubernamentales y quienes dicen “las madres” y “las abuelas” se refieren a las de Plaza de Mayo. En otro orden, la economía neoliberal de Martínez de Hoz impusieron para siempre el estar atento al cambio del dólar (los sectores medios y bajos no habían visto un dólar en su vida) y a lo que sucede en los mercados. Quien más quien menos tiene su tarjeta de crédito, se está empezando a hablar del dinero plástico y cada vez son más los que ven televisión por cable. “¿Tenés cable?” sería la síntesis posterior. Ir a un cajero automático es cada vez más común desde hace una década y retirar el sueldo con tarjeta una práctica común. En los ‘90 se habría topado con que puede operar en una red Link o Banelco, hacer operaciones a través del sistema home banking desde su PC vía Internet.

Por supuesto, esto no pretende ser un inventario de palabras. Apunta a mostrar que las nuevas realidades necesitan ser nombradas. A veces, los tiempos imponen un extranjerismo; cosa bastante común si esa nueva realidad viene de afuera. Con el tiempo, este se adecua o halla su equivalente en una acepción española (antes hacíamos un save, después empezamos a salvar el documento).

(*) subdirectora de Investigaciones Lingüísticas  de la Academia Argentina de Letras

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