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El desembarco de Carlos Fernández en el Ministerio de Economía no sólo implica el retorno de un funcionario de raíz kirchnerista al Palacio de Hacienda. También vuelve a sentarse en el principal sillón del segundo edificio más importante de Yrigoyen y Balcarce un hombre de la universidad pública y, lo que es menos común, oriundo de un lugar popular del Gran Buenos Aires.
Fernández es un pingüino de Bernal, una localidad emplazada en el nordeste de Quilmes. Salvo que opte por la mudanza, deberá zanjar todos los días los 20 kilómetros que lo separan de la Capital para verse las caras con el aumento de la inflación, las peleas con el campo por las retenciones, la búsqueda de un acuerdo con los acreedores del Club de París y el inefable Guillermo Moreno, el funcionario que, en los papeles, dependerá de él pero que durante los últimos años sobrevivió a varios de sus jefes en Economía.
Su origen bernalés lo diferencia notablemente de sus antecesores en el cargo, más adeptos a los barrios acomodados de la Ciudad de Buenos Aires. Algunas muestras: Miguel Peirano, el último jefe de Hacienda de Néstor Kirchner, dormía en Barrio Norte, al igual que José Luis Machinea, el elegido de Fernando de La Rúa tras ganar las elecciones de 1999, quien ahora reside en Santiago de Chile debido a su cargo como jefe de la Cepal.
Felisa Miceli y Roberto Lavagna, amigos inseparables y compañeros de carrera hasta que la disputa por el Ministerio de Economía que Kirchner le ofreció a la primera los dividió, viven en Saavedra.
Jorge Remes Lenicov, el ex ministro de Eduardo Duhalde del que pocos recuerdan que fue el creador de la pesificación asimétrica y la devaluación, proviene del más acomodado Recoleta, el mismo lugar que escogió el fallecido Erman González –riojano– para pasar sus días en el gobierno de Carlos Menem.
Entre los últimos ministros de Economía, el único proveniente de la provincia –aunque del más suntuoso barrio de Adrogué– fue Ricardo López Murphy, quien sólo duró quince días al frente de la cartera durante la presidencia de De La Rúa.
Pero con quien más diferencias tiene en los papeles Fernández es, paradojas mediante, con su antecesor Martín Lousteau. El treintañero ex ministro vive en el acomodado Palermo, recientemente rebautizado al más glamosoro “Palermo Hollywood” por los empresarios inmobiliarios.
El ex número uno de Hacienda tenía otra diferencia: era el primer funcionario en llegar a ese cargo desde una universidad privada –la licenciatura de Lousteau lleva el sello de la Universidad de San Andrés, donde prefería practicar tenis antes que fútbol–, frente a la abrumadora mayoría de los economistas provenientes de las universidades públicas, en particular la de Buenos Aires.
Fernández, egresado de la Universidad de La Plata, volverá en ese sentido el reloj a cero.