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Finalmente llegó la primavera en Nueva York, y el buen ánimo superó otra ronda de grandes amortizaciones y previsiones para pérdidas por préstamos en el sector bancario.
Es difícil ignorar los verdes brotes de esperanza entre los inversores y banqueros que aseguran que ha pasado lo peor de la crisis que tanto agitó los mercados desde agosto del año pasado.
El razonamiento es que la Reserva Federal ahora contiene el sistema financiero y que todo volverá lentamente a la normalidad. Richard Fuld, director de Lehman Brothers, respaldó esa teoría la semana pasada cuando dijo a los accionistas: “Lo peor ha pasado”. Sus comentarios son similares a otros pronunciados por sus pares en Goldman Sachs y Morgan Stanley.
Desde el punto de vista del trading, es razonable. Los precios de mercado de los títulos valores basados en deuda hipotecaria y otros tipos de exposición al riesgo rápidamente se recuperaron en el invierno (boreal).
Ahora los inversores creen que las grandes amortizaciones de hoy se traducirán en mejores resultados para este año, porque los activos castigados finalmente se recuperarán.
Aún cuando JPMorgan anunció que sus ganancias del primer trimestre cayeron 50%, la acción se recuperó porque el resultado no fue tan malo como se esperaba. Lo mismo para Merrill Lynch, cuando reveló amortizaciones por u$s 6.000 millones y una pérdida de u$s 2.000 millones, su tercer trimestre consecutivo en rojo. El viernes, Citi completó el trío después de una pérdida neta de u$s 5.100 millones y amortizaciones por u$s 10.000 millones.
Pero para todo este nuevo optimismo, que espera la recuperación en los mercados y una corta y superficial recesión para la economía, muchos temores todavía acechan al sistema bancario.
La evidencia de que el negocio de los préstamos sigue con serios problemas surge mayormente de varias mediciones de confianza. Más allá del tema específico de los cambios diarios de la tasa Libor, se observan preocupaciones de largo plazo.
Los bancos todavía no se están prestando entre sí, sino que están conservando su dinero en efectivo. También son exigentes al momento de evaluar la calidad de crédito de sus rivales. Esto quizás convenza a los inversores de que todavía no pasó lo peor de las amortizaciones y deudas incobrables.
La contracción del crédito muestra señales de que ya no se trata principalmente de pérdidas en los mercados, sino en un aumento en los incumplimientos de pago de deudas de consumo. Los bancos de inversión no ofrecen ese tipo de créditos, pero los bancos comerciales sí.
Citi apartó u$s 3.100 millones para cubrir futuras pérdidas provenientes de la división de préstamos de consumo, mientras que la cifra en JPMorgan fue de u$s 2.500 millones.
Esto podría significar un golpe doble para los bancos comerciales, muchos de los cuales no salieron ilesos de las pérdidas de mercado que afectaron a los derivados, hipotecas y complejas estructuras de crédito desde agosto.