03:00
Cuando una oleada de destrucción golpea, todos buscan a quien culpar. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, alguna vez celebrado como el maestro, se ha convertido en el chivo expiatorio. Pero, aunque me atrevo a estar en desacuerdo con él en algunos puntos, muchas de las críticas son injustas.
Greenspan sigue siendo el banquero central que más éxito ha tenido en los tiempos modernos. Pero lo más importante es que la culpa distrae del verdadero desafío, que es comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y qué deberíamos hacer al respecto.
Como dijo Greenspan en el Financial Times, la burbuja inmobiliaria no fue exclusiva de Estados Unidos. Por el contrario, como muestra el capítulo de análisis de la vivienda en el último Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional, la experiencia estadounidense estuvo lejos de ser excepcional.
Del mismo modo, EE.UU. de ninguna manera es excepcional en el nivel de inversión residencial. Con algo de sorpresa, encontré que la participación de la inversión residencial en el Producto Interno Bruto (PIB) del Reino Unidos ha sido casi la misma que en EE.UU. Los países líderes son Irlanda y España. La política monetaria estadounidense no puede ser responsable por todas estas burbujas. Sería así si estos otros países hubieran seguido al pie de la letra la política estadounidense. Pero no lo hicieron. Entonces, ¿qué podría explicar estas burbujas? Yo apuntaría a cuatro causas: tasas de interés reales de largo plazo muy bajas, debido al exceso global de ahorro; bajas tasas de interés nominales debido a las bajas tasas reales y al ambiente inflacionario benigno; la prolongada experiencia de estabilidad económica y, sobre todo, la liberalización del financiamiento hipotecario en muchos países. El Panorama Económico Mundial del FMI deja en claro que los precios de las viviendas tendieron a subir más rápido donde el financiamiento era más sencillo, como cabe esperar.
Entonces, ¿porqué hay tantos estadounidenses decididos a culpar a Greenspan por el desastre? Puedo ver tres razones. Una es que es mucho más doloroso admitir que EE.UU. fue, en gran medida, víctima de circunstancias más allá de su control. Otra es que es mucho más sencillo quejarse de que la Fed nos hizo hacer cosas de las que ahora nos arrepentimos que asumir la responsabilidad de los errores propios. Por último, mientras más pueda culparse a la Fed, más razonables suenan los pedidos de rescate que inundan Washington.