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Tapas de cuero o plástico lavable, hojas firmes a la espera del lápiz o la lapicera, calendario y, en algunas ocasiones, casi un kilogramo de peso en papel, una creación que, según cuenta la historia, surgió de la inventiva del chino Ts‘ai Lun en el año 105. Esos son los atributos que, si bien pueden parecer obsoletos en la sociedad de la información, utilizan las agendas tradicionales en la Argentina para resistir el embate de los productos tecnológicos que llegaron para reemplazarlas. En esa familia se cuentan desde los teléfonos celulares con múltiples prestaciones hasta las laptops y, muy en particular, las palmtops, las minicomputadoras conocidas como “agendas de bolsillo”.
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